«El alumbrado público nos vigila.» Cambio en la apreciación y el valor de la iluminación urbana

¿Qué puede revelar una revisión a la historia del alumbrado público sobre su relación con los valores de una sociedad?

Texto traducido del estudio publicado en la revista Prometheus: Taylor Stone «The streetlights are watching you: A historical perspective on value change and public lighting» del Insituto de Ciencia y ética de la Universidad de Bonn, Alemania.

Este artículo investiga las cuestiones del «diseño del cambio de valor» a través de una tecnología universal, aunque a menudo dada por sentada: el alumbrado público.

Las tendencias de las ciudades inteligentes están impulsando una nueva generación de iluminación urbana, con luminarias equipadas con sensores, cámaras y una serie de tecnologías destinadas al monitoreo y la recopilación de datos. Esto ha suscitado preocupaciones sobre la privacidad, la vigilancia y las relaciones de poder, posiblemente creando un panorama de valor cambiante para el alumbrado público.

Para comenzar se puede considerar el siguiente escenario: disturbios masivos y protestas contra un gobierno autoritario han estallado en las calles de una importante ciudad metropolitana. Los manifestantes, desconfiados de la vigilancia de las autoridades, comienzan a apuntar a los postes de luz. Visto como un medio omnipresente y generalizado de monitorear los espacios públicos de la ciudad, las personas destruyen (o al menos inhabilitan funcionalmente) sus capacidades de vigilancia. Este acto es visto como un símbolo de desafío y una necesidad práctica para proteger el anonimato de quienes se oponen al gobierno.

Si esta escena evocó imágenes de un evento mundial reciente, estaría en lo cierto: durante las manifestaciones de 2019-2020 en Hong Kong, los manifestantes cortaron o desmantelaron las luminarias inteligentes de la ciudad. La razón principal fue que los nuevos equipos contenían cámaras y sensores que supuestamente usaban tecnologías de reconocimiento facial. Sin embargo, si estas escenas recuerdan un evento mucho más antiguo, también se estaría en lo correcto.

Otro grupo de manifestantes hizo algo similar durante su propia revolución, a saber, romper linternas para crear un muro de oscuridad para esconderse. Sin embargo, fueron mucho más allá de lo simbólico. Después de triunfar en su revolución, utilizaron los postes de luz como patíbulos improvisados ​​para colgar públicamente a los miembros del régimen derrocado. Así era París a finales del siglo XVIII, durante la Revolución Francesa.

Los debates contemporáneos sobre el alumbrado inteligente y la vigilancia son la última versión de un conflicto y una lucha de siglos por el control de los espacios nocturnos urbanos. Los esfuerzos para promulgar el control social a través del alumbrado público han sido un tema recurrente por siglos. Durante mucho tiempo, las farolas se han utilizado y percibido como una forma de vigilancia al orden social, creando tensiones recurrentes entre la autonomía, la seguridad y la vigilancia. Esto revela una tensión contradictoria en el núcleo mismo entre su funcionalidad y sus objetivos.

Abrir el espacio a las noches urbanas, por una parte ofrece un medio para que surjan la liberación, la libertad de movimiento y las prácticas sociales y por otra, operar como una infraestructura en red conlleva la capacidad de vigilancia. El siglo XXI ha visto un nuevo capítulo en la historia del alumbrado público, enfocado en el surgimiento de la ciudad y el urbanismo inteligente.

Sus defensores argumentan en favor de la ciudad inteligente como un medio para crear ciudades más eficientes a través del monitoreo en tiempo real, la recopilación de datos y la gestión de los sistemas de la ciudad. Sin embargo, estos sistemas inteligentes también se han enfrentado a críticas éticas y políticas sostenidas debido a la vigilancia omnipresente, las violaciones del derecho a la privacidad y la creciente influencia de los actores corporativos, críticas planteadas tanto en la literatura académica como popular.

Una preocupación fundamental sobre estas tecnología es su impacto en la esfera pública, el caso de Stratumseind en Eindhoven es un buen ejemplo. Al ser una calle céntrica conocida por su vida nocturna, se realizaron experimentos para ver si los cambios de color, brillo e intensidad de la iluminación pueden reducir la violencia y el comportamiento agresivo.

Para hacerlo se requiere una importante recopilación de datos y vigilancia por video, sensores de calor y monitoreo de redes sociales para implementar medidas preventivas. En este sentido, el uso del big data simplemente proporciona un medio y no es un fin en sí mismo. Los datos y las tecnologías no crean ni resuelven problemas urbanos sino que permiten a las personas y organizaciones sociales abordarlos mejor.

Dejando de lado el optimismo, si bien las luminarias inteligentes ofrecen nuevas funciones, también encarnan una tensión de valores inherente a su origen y a la infraestructura sociotécnica. En otras palabras, los debates éticos y políticos actuales corren el riesgo de fallar en crear un espacio para la discusión constructiva y la resolución creativa de problemas.

Dentro de esta crítica existe el potencial para volver a imaginar la ciudad por la noche y el papel de las luminarias en ella, pero solo si tomamos en serio nuestro pasado cívico y el simbolismo que encarnan nuestras infraestructuras de modo que ya no tengan ningún control sobre nosotros. En nuestras luminarias, vemos un debate por el control de la noche.

REFERENCIA
The streetlights are watching you: A historical perspective on value change and public lighting

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