El art déco y la luz, una celebración a los tiempos modernos

Los felices años veinte trajeron consigo una corriente de “diseño” de iluminación con inspiración mecánica y espíritu futurista.

Algo que distinguió al diseño y la arquitectura en la primera mitad del siglo XX fue la búsqueda de la practicidad sobre la estética. A veces se cumplía, otras tantas solo se usaba como un pretexto para experimentar. La creatividad humana siempre encuentra un cauce donde manifestarse con nuevas alternativas, en este caso hablaremos del surgimiento del art decó y su relación con la luz.

        

Como lo he mencionado en otras notas, estas nuevas ideas no surgieron de manera espontánea, sino que siempre respondieron a la realidad que se estaba viviendo en ese momento. En este caso, estamos al final de la Primera Guerra Mundial.

De nueva cuenta, el mundo buscaba reconstruirse tras el peor conflicto bélico que se había visto (hasta aquel entonces). Y en el caso particular de Francia, desde la trinchera de las artes decorativas sintieron la obligación de restablecer a su país como el líder internacional en comercio de lujo, tanto por orgullo nacional como por una contribución a la economía francesa. Solo que los antiguos diseños, alguna vez bañados de luz como el Grand Palais en los Campos Elíseos o las entradas del metro de Paris, ya no reflejaban el brillo de la Belle Epoque, ahora era un recuerdo agridulce de que el mundo estaba cambiando.

En la búsqueda (o necesidad) de alternativas, artistas como Hector Guimard, Eugène Grasset, y Paul Follot organizaron en 1925 la Exposition Internationale des Arts Décoratifs et Industriels Modernes en París donde surgiría este nuevo movimiento que influiría principalmente en la arquitectura y en las artes decorativas (incluyendo en una importante producción de diseño de luminarias), y si bien su nombre parte de «Arts Décoratifs», el término art déco sería acuñado 40 años después.

       

Uno de los cambios más notorios frente al art nouveau fue dejar atrás las curvas, los detalles inspirados en la naturaleza y la carga de ornamentos para dar lugar al uso de geometría (círculos, diamantes, triángulos, etc.), líneas simples y colores sobrios (o la falta total de ellos).

En el caso de las luminarias, y por considerar al metal como un material «moderno» y en tendencia, se usaba el cromo, aluminio, acero o bronce que con diversos tratamientos permitían distintos efectos con la finalidad de lograr una distribución eficiente de la luz.

Y esto no fue coincidencia, mientras más se extendía su uso, la iluminación eléctrica se mantuvo en un constante proceso de estudio cada vez más académico y estructurado. Por lo que fue natural el ejercicio por diseñar espacios con una luz más funcional en provecho de los usuarios. Ahora sabemos que el resultado no siempre fue efectivo pero lo importante radicó en el esfuerzo por probar nuevas ideas. Y como evidencia de ello, en un artículo de 1929 de la revista Lux, la revue de l’éclairage menciona que ”es incorrecto pensar que una habitación está bien iluminada porque uno está deslumbrado por el intenso estallido de los puntos luminosos de luz. Lo esencial, por el contrario, es que no haya un punto específico que canse la vista”.

Esto explica por qué diversos modelos de luminarias de techo utilizadas en esta época, a menudo parecieran estar “de cabeza”. La función de la pantalla invertida era proyectar la luz sobre el techo y para suavizarla y difuminarla.

El interés por esta nueva corriente permitió que diseñadores y artesanos como Paul Kiss, Edgar Brandt, Marius Ernest Sabino o Jean Perzel pudieran exponer sus modelos en espacios como la Grand Competition of Light en 1924 organizada por el Sindicato Unido de Electricidad, en la antes mencionada Exposición Universal de Paris en 1925 o en los Salons of Light en la década de los treinta. Sus propuestas que incluían modelos de iluminación directa o difusa, elementos que llamaron el interés del público y de la academia, lo que derivó también en la difusión de fundamentos fotométricos cada vez más especializados en grupos como la Societé pour le perfectionnement de l’éclairage y más adelante en la Comisión internacional de Iluminación (CIE).

Las expresiones de arte más recientes, más nuevas y más radicales en la industria parecen particularmente aplicables a las lámparas porque una lámpara resalta una habitación y bien puede ser extremo… y se esfuerza por ser una expresión de nosotros mismos, de nuestro tiempo y de nuestro entorno

Lamp Buyers Journal, 1930

Esta corriente siguió extendiéndose por todo el mundo y al cruzar el Atlántico, encontró un buen lugar para establecerse. Debido al periodo de abundancia durante los «felices años veinte» y el auge urbano en ciudades como Nueva York, se abrió la oportunidad de mostrar esta prosperidad con construcciones cada vez más altas. Ejemplos por excelencia fueron el edificio Chrysler, el Empire State o el edificio de General Electric, todos de estilo art déco. Y no quedó ahí, pues el uso tan distintivo de líneas rectas y geometrías comenzó a reproducirse en edificios de gobierno, teatros, hoteles y estaciones de transporte hasta convertirse en parte de la personalidad de esa década en Estados Unidos,

En cuanto a luminarias, uno de los exponentes americanos (aunque nacido en Alemania) fue Walter von Nessen, Donald Deskey y Walter Kantack. Sus diseños solían tener acabados metálicos y pantallas angulares de vidrio esmerilado montadas en metal cromado, latón o aluminio y persianas que podían inclinarse, rotar o girar completamente hacia arriba. Otra innovación (creada para eliminar el deslumbramiento) fue el diseño de un «faldón» escalonado ubicado en la parte inferior de las persianas para permitir que los rayos de luz se dirigieran hacia abajo.

En 1931 Donald Deskey fue el encargado de diseñar del apartamento de Samuel Roxy Rothafel (empresario de cine) sobre del Radio City Music Hall en el Rockefeller Center. Las luminarias de mesa, piso y pared jugaron un papel dominante en la ambientación y proporcionaron efectos de iluminación simples pero opulentos para acentuar la modernidad del espacio.

En México tuvo su momento de apogeo que permeó no solo en arquitectura sino como parte de un espíritu nacionalista reflejado principamente en la arquitectura, urbanismo, diseño de interior, en las artes y el estilo de vida entre 1925 y 1940. El art déco mexicano se puede observar en edificios públicos y habitacionales, cines, monumentos, parques, iglesias y en mobiliario urbano como fuentes, bancas, postes de iluminación y señalización, jardineras, monumentos, basureros, etcétera. Y todavía se puede observar en colonias céntricas como en la Cuauhtémoc, Tabacalera, Santa María la Ribera, Condesa, la Roma, entre otras.

Esta corriente que emitía un aura futurista y de opulencia se fue apagando tras el estallido de la Segunda Guerra Mundial, pues se ahora se le consideraba como un estilo demasiado vistoso para tiempos de guerra y austeridad.

Como lo mencioné al inicio, la creatividad y el ingenio siempre buscaran una forma de manifestarse aún en tiempos difíciles. Entre las corrientes modernistas que derivaron de esta nueva crisis bélica se encuentra el brutalismo. Y así con el pasar del tiempo, cada nuevo estilo nace de la realidad en que se vive, siempre ha sido así y posiblemente continúe mientras sigamos caminando por este mundo.

[box] Imagen de portada: Théâtre des Champs-Élysées, Dorchester Collection [/box]

FUENTES
Art Deco Lighting. The Journal of Decorative Arts
Art Deco of the 20s and 30s
Art Deco Lighting
Walter von Nessen
El Art Déco en la Ciudad de México: un movimiento arquitectónico 1925-1940
What Is Art Deco? An Overview of the 1920s Style

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