Fenómeno de atenuación o cuando la luz disminuye su velocidad

Este efecto se puede observar con mayor claridad en la interacción de un haz de luz con materiales traslúcidos.

Se sabe que la luz viaja en el vacío a una velocidad de 299,792,458 metros por segundo, siempre y cuando no se cruce en su camino alguna objeto ya sea sólido líquido o gaseoso, que de ser el caso, pueden suceder diversos fenómenos.

Si el haz se cruza con un material que posee cualidades traslúcidas, la luz pierde energía y disminuye su velocidad de propagación debido a la existencia de fuerzas de amortiguación que afectan su movimiento, lo que genera una «atenuación», es decir, baja su intensidad.

Pierre de Fermat (uno de los fundadores de la geometría analítica) postuló en el año de 1650 que «La dirección tomada por la luz es la del trayecto que demanda menos tiempo», es decir, el más corto». De este principio derivaron las 3 leyes fundamentales del comportamiento de la luz: propagación directa, por reflexión y por refracción.

En este caso, el fenómeno de atenuación de la intensidad luminosa (que no debe confundirse con la capacidad de atenuación de un equipo de iluminación) pertenece a una variante de la refracción. Si se piensa a nivel partículas, la luz se conforma por fotones que contienen todas las formas de radiación electromagnética y que viajan a una velocidad constante. Por otra parte, los «absorbentes» tienen diferentes composiciones químicas, distinto espesor y sus moléculas pueden estar muy juntas o separadas.

Es por ello que el efecto de refracción se dará según la intensidad de haz y la estructura molecular de la superficie; de ambos dependerá la dispersión de fotones, la intensidad de la luz que traspase el material o el impedimento de su paso. Ver ejemplo del viaje de la luz en los océanos.

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