Bioluminiscencia artificial ¿es necesario hacer brillar a las plantas?

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Entre su encanto, la viabilidad de su uso y los límites de su eficiencia.

Continuamente nos encontramos con la noticia de un invento que utiliza el proceso de fotosíntesis como fuente potencial de iluminación totalmente orgánica. Dicho de esa forma parece que es una solución viable, pero es un tanto más complejo, para comenzar hay que explicar cómo funciona.

El dispositivo llamado Living Light, creado por la diseñadora holandesa Ermi Van Oers, aprovecha el proceso de fotosíntesis al descomponer materia orgánica que libera electrones y protones a través de las raíces al suelo, mismos que se colectan y transfieren a través de un cable a un cátodo para convertirla en corriente eléctrica.

Este proyecto comenzó con  una «lámpara» de uso individual pero no tardó en ser aprovechado en espacios públicos, como fue el caso del «Parque del Mañana» (Het Park van Morgen),  en la ciudad de Rotterdam, que se  inauguró en 2019 con una senda de 35 metros rodeada de plantas que generan luz y electricidad al pasar.

Hay que admitir que luce como un espectáculo hermoso, inspirado en alguna escena de fantasía. Sin embargo, surgen algunas preguntas: ¿para qué hacerlo? En cierta medida es válido si el objetivo fuera solo como atractivo turístico o educativo acerca del cuidado y valoración de la naturaleza, pero hay otra parte: ¿qué tanto afecta a la planta y a la fauna nocturna que depende de un entorno oscuro para llevar a cabo sus actividades? Y aún más importante, ¿hemos llegado al punto que es necesario interferir en ese grado un proceso natural?

Suena como el argumento de un ambientalista alarmado cuando es un hecho que son apenas unas pequeñas chispas que brotan de la tierra. Por lo que mi inquietud va dirigida principalmente a reflexionar sobre el objetivo real de utilizar estos electrones residuales.

En varias entrevistas, la diseñadora Ermi Van Oers ha señalado que es una forma de acercar a las personas a la naturaleza y reconocer que tiene vida, premisa que encuentro coherente. Sin embargo, en otras ocasiones su entusiasmo y expectativas van más allá:

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  • El potencial es enorme, el alumbrado público podría conectarse a los árboles. Los bosques podrían convertirse en centrales eléctricas. Los campos de arroz en Indonesia podrían producir alimentos y electricidad para la población local […] Mi sueño es que las plantas formen parte de nuestro sistema energético.

    Es aquí donde entra un pequeño foco rojo. No tengo duda que es un noble argumento porque también señala que desea «recuperar la simbiosis entre el hombre y la naturaleza», pero como humanidad no tenemos un buen antecedente cuando se trata de explotar nuevas energías. La diseñadora también afirma que de funcionar este proyecto a gran escala, el Amazonas podría ser «una central eléctrica que le daría valor a los bosques, por lo que los gobiernos no tendrían más opción que construir leyes que obliguen a cuidar la naturaleza y ecosistemas naturales».

    Entonces regreso a la pregunta que formulé antes, ¿en serio llegamos a un punto que es necesario considerar interferir en tal escala un proceso natural? En todo caso la respuesta podría ser afirmativa. El futuro no se ve muy alentador y este proyecto por ahora un tanto idealista podría ser una verdadera opción. Si no bastó que de pequeños nos enseñaran que «hay que cuidar a la naturaleza porque nos da oxígeno», quizás a estas alturas habría que pensar en re-educarnos porque «hay que respetar la naturaleza, ya que genera energía eficiente y a bajo costo», que sería un razonamiento más realista.

    En lo personal prefiero que se mantenga como algo educativo y poético. Un escenario que invite a interactuar con la naturaleza, que en el proceso sea congruente con el respeto a la misma (considerar el bienestar de la planta y la fauna que depende de ella) y no a usarla a largo plazo como remedio a una crisis.

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  • Fuente
    Portal oficial Living Light

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