Cruz de sol, la Capilla de San Bernardo

Diariamente las sombras de los palos recorren por separado el camino necesario, tal como si fuera el “Via Crucis”

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Capilla de San Bernardo

Ubicación: Córdoba, Argentina

        

Fecha de término: 2015

Despacho de arquitectura:Nicolás Campodonico

       

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Como un horno de carbón tradicional argentino para cocer ladrillos, la Capilla de San Bernardo cuenta con un interior abovedado que genera una entrada de luz natural directa que va creciendo conforme avanza el día y que permite, a la hora exacta, la formación de una cruz a base de sombras en la pared principal del lugar. Como una forma simbólica, es la naturaleza y no la mano del hombre la que logra juntar la sombra de las vigas para formar la cruz como un gesto ritual.

El diseño del proyecto está basado en el ingreso de la luz natural del atardecer a la bóveda de la capilla y la proyección de las sombras sobre la pared. El color del ladrillo aunado a la luz natural del atardecer generan una atmósfera de calidez y protección para las personas que visitan el espacio.

La obra debía responder a una posición exacta, por lo que se realizó una maqueta in situ el día del Santo patrono de la provincia. Para el diseño se tuvieron que investigar formas antiguas de construcción que ya no se utilizan con regularidad por lo que había que utilizar conocimientos empíricos para completarlos.

Uno de los asuntos de mayor importancia era la uniformidad de la pared y su material. Si esto no se lograba de forma correcta, podía obstaculizar la visión de la cruz porque la luz rasante provoca sombras largas. Tomando eso en cuenta, se utilizaron dos técnicas específicas para la construcción: Horno de Media y Bóveda mexicana, con las que se fue construyendo la capilla expuesta a la luz necesaria para ir controlando el avance del proyecto día a día.

La capilla fue construida en la parte más alta de un monte para tener un buen acceso a la luz natural del atardecer. Afuera de la construcción se colocaron un palo vertical y uno horizontal por separado que se juntan por medio de su sombra dentro del recinto. Todos los días del año, la sombra de los maderos termina por proyectarse de forma conjunta al interior.

“Hoy sabemos que Jesucristo sólo cargaba con el palo transversal sobre su espalda en su camino al Gólgota. Conceptualmente la crucifixión se concreta con la reunión de ambos maderos para formar la cruz. Diariamente las sombras de los palos recorren por separado el camino necesario, tal como si fuera el “Via Crucis”, para finalmente encontrarse y conformar la cruz, ya no simbólica, sino una cruz ritual, donde la pasión vuelve a ocurrir cada día a partir del sol, comprometiendo una dimensión cósmica”, concluye Nicolás Campodónico, arquitecto encargado del proyecto.

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