Ciudad de historias en la Tarde de Luz de Mextrópoi 2023

En esta edición las charlas, recorridos y debates tuvieron a la ciudad y sus habitantes como los protagonistas.

Al hacer un recuento de nuestra presencia en Mextrópoli, llevamos ya cuatro años participando activamente y por segunda ocasión, tuvimos la oportunidad de colaborar con otra Tarde de Luz en el Museo de Arte Popular, al igual que con un tour para conocer el detrás de reflectores de proyecto de iluminación del Museo Banco de México.

La edición pasada miramos al firmamento para conocer un poco más de la importancia de los cielos oscuros. Esta vez, pusimos los pies sobre la tierra (o más bien, sobre el asfalto) para revisar la iluminación, su relación con la ciudad y las personas que la habitan.

       

Aquel sábado 23 de septiembre, mientras esperábamos que llegara el momento de dar inicio, observamos cómo se iba llenando el lugar. La gran mayoría consciente del tema en cuestión, aunque hubo un par de despistados que se acercaron a preguntar qué se iba a presentar y para nuestra sorpresa, tomaron asiento. Se suele repetir que «La luz convoca» y es más que cierto.

Comenzamos la Tarde con una charla introductoria por parte de Luis Juan, quien nos compartió la función de la luz desde la perspectiva urbana. Cómo ha evolucionado desde la bombilla incandescente hasta el LED; sus diferentes capas en el espacio público que va desde la iluminación privada, de infraestructura pública, luz comercial y finalmente, su influencia en la salud humana y ambiental.

Durante el espacio de preguntas y respuestas hubo un comentario que señalaba el aumento de interés (o preocupación) de las nuevas generaciones de jóvenes arquitectos por construir ciudades más saludables. Por otro lado, que la situación urbana en general tenía que despabilarse ante los problemas que estaban por venir en cuestión de infraestructura.

Poco después, fue el turno de la mesa de diálogo donde estuvieron presentes, María Guell, Alejandro Díaz Infante, Marco Góngora y Alejandro Vargas de Santiago quienes nos compartieron los distintos acercamientos de la luz en el entorno urbano desde su experiencia.

El debate bien pudo seguir por horas, pero la noche nos esperaba, era el momento de comenzar con la Ruta de Luz. Una nueva dinámica fue la entrega de unos poderosos termos con limonada patrocinados por Current a todos los que estaban por seguir el recorrido. Nos esperaba una larga caminata, así que fue el obsequio ideal para acompañarnos en la marcha.

Ruta de Luz

El tour estuvo coordinado por los ya veteranos de la Ruta de Luz, Marco Góngora y Alejandro Vargas de Santiago. Y como invitado especial, se unió Alejandro Díaz Infante.

        

A lo largo de la ruta contamos con el apoyo de Comintec y su equipo de medición de Konica Minolta. De esta manera, los invitados del recorrido pudieron conocer cómo funciona de cerca un medidor de luminancia CS-150, un medidor de cromaticidad CL-200A y un medidor de iluminancia CCL-70F, ya que a cada paso, nuestros anfitriones revisaban el flujo luminoso, la temperatura de color o la cantidad de luxes, que en ocasiones superó los 1000 luxes, cuando lo sugerido en espacios de exterior debe rondar entra 10-50.

La comitiva partió del Museo de Arte Popular hacia la Alameda. Nuestra primera parada fue el Hemiciclo a Juárez, donde observamos a un grupo de recién graduados tomarse fotografías mientras vitoreaban el fin de su carrera con birrete al aire.

«Ustedes cómo ven ¿está bien iluminado?» Pregunta con varios contrastes, la mayoría quizás dudaba, otros un tanto distraídos por el alboroto de los estudiantes tampoco estaban muy seguros. Un chico del posgrado en iluminación de la UNAM, fue quien tomó la palabra con una visión más técnica de lo que podía observar del proyecto.

Fue el turno de Alejandro Díaz Infante quien compartió una postura más social de la iluminación, al considerarla un factor que permite a los ciudadanos apropiarse de un espacio. Que el ejemplo más claro eran aquellos estudiantes que eligieron el hemiciclo para celebrar y tomarse fotografías, ya que a pesar de que pudiera haber comentarios sobre la iluminación, las personas perciben un espacio iluminado y se acercan a convivir, que ese aspecto debe ser igual de importante al momento de revisar un proyecto.

Cuando llegamos a la plaza Tolsá fue un momento de sentimientos encontrados, pues fue evidente la falta de mantenimiento de la iluminación y en su lugar la presencia de soluciones apresuradas par mantener alumbrada la calle de Tacuba. Razón que aprovecharon para contrastar la situación actual con el proyecto que originalmente se planteó y que se puede ver en el artículo Plaza Tolsá, iluminación sensitiva para arquitectura histórica.

Continuamos por Filomeno Mata, donde comentaron cómo una temperatura cálida permite un ambiente más pausado. Y mientras el ritmo del recorrido iba acorde con los 2000K de la calle, pasó inadvertido un excelente ejemplo de la función didáctica de la luz.

Detrás de la comitiva, yacían en silencio 3 bajorrelieves de bronce esculpidos por Jesús Fructuoso Contreras y representan a los tlatoanis Itzcóatl, Nezahualcóyotl y Totoquihuatzin. Estas piezas que a primera vista funcionan como mero ornamento, de contar con una buena iluminación, la mirada se hubiera volcado sobre ellas y habrían contado su historia.

En pocas palabras, durante la Exposición Universal de 1889 de París (edición que conmemoraba 100 años de la toma de la Bastilla y se inauguraba la torre Eiffel), fueron enviadas como parte del Pabellón Mexicano donde se quería exaltar el pasado mesoamericano como parte del espíritu nacionalista que se buscaba promover tanto en México, como entre países republicanos.

Y es que cada rincón, esquina y callejón del Centro Histórico tiene una historia que contar, la luz es solo la maestra de orquesta que nos índica dónde prestar nuestros sentidos, mismos que ahora se encontraban más atentos cuando recorrimos el último tramo por 5 de mayo y hasta llegar a la calle de Motolinía para la foto del recuerdo.

Uno de los objetivos más importantes de este recorrido es ofrecerles a los caminantes otra visión de la ciudad. En la medida en que se hace consciencia de sus elementos y alcances, como ciudadanos nos apropiamos de sus calles, las valoramos y cuidamos, somos mejores habitantes y ella una mejor metrópoli, pues como lo dijo Cecilia Rojas, protagonista de Rito de Iniciación de Rosario Castellanos, tras adentrarse en las profundidades de la Ciudad de México, «esta ciudad y yo seremos amigas…»

[…] de ella [la ciudad] imitaré el arte de las metamorfosis infinitas y de la inmutabilidad última […]

Rito de Iniciación, Rosario Castellanos, 1997

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