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Por: Andrus Marín

En el ejercicio profesional del diseño, hay momentos que se vuelven detonadores de reflexión. A veces es una conversación casual, otras una experiencia frustrante o una junta que no llega a buen puerto. En esta colaboración, el arquitecto y diseñador de iluminación, Andrus Marín nos comparte qué lo llevó a repensar no solo el valor de cada etapa del proceso creativo, sino también uno de los fenómenos más frecuentes y potencialmente perjudiciales en la práctica de la iluminación arquitectónica: la contraespecificación. Este texto es una invitación a reconocer la importancia de la creación en todas sus fases y a fomentar el respeto entre quienes colaboran para hacer realidad un proyecto.

Andrus Marín, arquitecto egresado de la UNAM con posgrado en Lighting Design por la Universidad Politécnica de Cataluña y Arquine. Ganador de la beca para el workshop “Lights in Alingsås” en Suecia (2019). Cuenta con 8 años de experiencia en arquitectura y 14 en diseño de iluminación, ha trabajado en diversos proyectos residenciales, educativos, comerciales, culturales y corporativos. Fundó su propia oficina, Luz Andrus Marín, y posteriormente cofundó el Grupo de diseño ID-LAM junto a Adriana Vázquez para expandir el impacto del diseño de iluminación en México

Hace algunas semanas recibimos una llamada de un prospecto de cliente, una persona que tenía urgencia de resolver un tema de iluminación comercial, muy amable me citó en el lugar y junto con su arquitecto me explicaron el giro de la empresa y los objetivos que buscaban resolver, además de preguntar por mi expertiz en el medio de iluminación. Todo marchaba muy bien, hasta que llegamos a la pregunta del cliente: ¿Cómo empezamos?

La respuesta natural fue, elaboramos el presupuesto, lo enviamos y si lo autorizas comenzamos el proceso. En ese momento el rostro del cliente cambió y con cara de natural extrañeza me respondió: “…pensé que me ibas a dar varias ideas para resolver este tema y si me gustan entonces te pago…”, le expliqué cómo funcionamos y terminó la junta. Esa plática me dejó pensando en que no todas las personas entienden el proceso de la creación y no solo hablando del tema romántico de la palabra, sino del proceso completo de la creatividad y la importancia de cada parte, las podremos enlistar de una manera muy general:

  • El concepto (las ideas)
  • Información gráfica (la materialización de las ideas)
  • Especificación (selección de los equipos necesarios)
  • Supervisión (seguimiento del proceso)

De manera muy general este sería el proceso de la creación, obviamente cada oficina tendrá desglosado el proceso de diversas maneras, pero un buen proyecto cumple con cada una y si alguna falta o no se pone interés en alguna no se logra el objetivo.

Me parece buen momento para dejar en claro lo importante que es cada parte, no podría asignarle un nivel de importancia distinto a cada una, para mí, todas tienen el mismo nivel de importancia y por lo tanto nuestra tarea es darle el correcto seguimiento y así lograr la creación deseada y por lo tanto un proyecto de iluminación que sume al espacio, al usuario y brinde ese plus a la arquitectura gestante en ese momento.

Regresando al tema del inicio, me parece que perdí el cliente, solo por no regalar el primer punto de la creación. Como esta historia seguramente mis colegas tendrán muchas y muy variadas. Ahora me gustaría platicarles sobre uno de estos problemas al que llamo: “La Contra-creación”, pues además de ser el más común (se lleva el porcentaje de incidencia más alto de nuestro quehacer profesional), es sin duda el más peligroso, dañino, anti-ético y —sigo sin entender por qué— el más normalizado.

El prefijo “contra” se utiliza para expresar oposición, contrariedad o superposición. Hasta aquí no he visto nada positivo en la utilización de este prefijo, nos contratan para crear y luego en algún punto alguien decide que deben llamar a alguien para oponerse a esta creación. La licenciada en Bellas Artes, Elba López Fernández en su tesis doctoral: El plagio desde las Artes y la cultura de la copia nos dice que: “La intervención y/o modificación de una obra sin la autorización del autor original es plagio… no podemos olvidar esto en nuestro quehacer profesional.

Este problema al que me refiero es la Contraespecificación, un fantasma que nos persigue y en muchas ocasiones borra por completo nuestra creación. Nosotros como creadores sabemos lo complicado (por no decir imposible) que es intervenir el proyecto de alguien más, no es muy común, pero a veces pasa, que nos llegan clientes con proyectos ajenos y nos piden mejorarlos. En nuestro caso siempre le decimos que preferimos hacer una propuesta nueva, pues entender qué quisieron hacer los demás, a dónde querían llegar y ver por qué no lo lograron es muy difícil y en muchas ocasiones tratar de arreglar algo que no está bien de origen, suele ser más caro.

Me parece que el tema con la contraespecificación es que siempre se realiza de una manera sesgada, las personas que hacen ese trabajo no conocen el proceso completo de la creación y solo se enfocan en sustituir listados de luminarias y en el mejor de los casos cuentan con los planos, aunque los ocupan solo para cuantificar y verificar cantidades contra su lista.

En algunos casos los vendedores no cuentan con los conocimientos técnicos necesarios para valorar la equivalencia de uno de sus productos contra uno del proyecto original lo sustituyen por uno «parecido» y no uno equivalente. La urgencia de hacer que la venta convenga más, hace que quieran sustituir todos los modelos de un proyecto y los lleva a tomar decisiones como aumentar el número de luminarias, proponer estéticas completamente diferentes o buscar otras soluciones que no son de ninguna manera las proyectadas. Si la contra especificación la hace un fabricante entonces está limitado por su catálogo y aún así aplica cualquiera de las estrategias antes mencionadas para cubrir la demanda completa del proyecto. Si entonces, la contraespecificación viene de un distribuidor, la limitante principal se vuelve el costo, buscaran mejorar el precio final para quedarse con la venta, pero también utilizarán algún método antes mencionado.

A la izquierda es el proyecto en Dialux. A la derecha es el resultado final después de una contraespecifciación sin previo aviso. Nos hablaron para preguntar por qué había quedado tan mal iluminada la plaza y después de revisar, le dijimos al cliente: Lo sentimos pero esas luminarias no son las especificadas y las cambiaron por costo y sin avisar, por lo tanto no es nuestra responsabilidad, pero al final el cliente se queda con un mal sabor de boca y nos culpa a los diseñadores por el resultado.

Y todo esto sucede sin que nos avisen, nuestra oficina entrega todo el paquete de proyecto ejecutivo y de ahí se reparte la información entre la constructora, el despacho de arquitectura y los de compras. Donde en muchas ocasiones envían la información para cotizar y en el mismo mail agregan: «Si tienes algo más barato, lo cambias» y los resultados los vemos en cuanto se instalan o en el mejor de los casos, cuando llegan y estamos haciendo las visitas a obra. En ese punto ya está hecha la compra y sabemos que nos espera más trabajo por lo que habrá que arreglar lo que no funcione y decir adiós a varias cosas que diseñamos y quizás con lo suministrado no se logrará.

Realizar nuestro trabajo en una sociedad que valora más el ahorro por sobre el valor agregado que el diseño bien aplicado brinda, es una tarea compleja y de mucha lucha contra quienes deberían ser nuestros más grandes aliados.

Parece un panorama desalentador. Sin embargo, después de varios tropiezos entre diseñadores, fabricantes intermediarios, hemos logrado avances; fabricantes e intermediarios (varios) se han preocupado por la capacitación de su personal de ventas, no solo en el tema técnico que les corresponde saber, sino que los han enviado a cursos básicos de diseño de iluminación para poder entender nuestras necesidades (de una manera mas asertiva).

Ahora contratan en ventas personal que trabajó en despachos de iluminación y eso eleva su conocimiento del mercado y lo que me parece más importante, hemos abierto un mejor canal de comunicación para que aún cuando los departamentos de compras hagan peticiones de contraespecificar, fabricantes e intermediarios se acerquen a cada diseñador y nos pongan en aviso, podamos junto con ellos hacer una propuesta y todos ganemos. Pues se ha visto que los proyectos exitosos no están libres de problemas, pero, contando con una buena comunicación y trabajo en equipo nos permitirá hacer que la creación se conserve tal cual se pensó y desarrolló. Se ha hecho, y es cierto que si nos respetamos todos podemos eliminar el prefijo «contra» y realizar una real ingeniería de valor, que nos permita realizar una creación exitosa.

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