¿Cuál fue el primer museo con luz eléctrica?

Hoy en el Día Internacional de los Museos conozcamos al museo que cambiaría la forma en que se aprecia una exposición… en diversos aspectos.

Cuando visitamos un museo, nuestra mirada suele enfocarse en la exposición que este presenta. Observamos con detalle los cuadros o piezas que hay en las vitrinas y recorremos en silencio sus pasillos mientras buscamos conocer un poco más del mundo o del arte.

En este sentido, no es común que los visitantes se detengan a ver las luminarias o su instalación eléctrica, pues se da por sentado que es parte integral de este espacio (y en el caso de un buen diseño de iluminación, es aún mejor si es discreta). Sin embargo, no siempre fue de esta forma.

        

Si regresamos a finales del siglo XIX, cuando la bombilla eléctrica era la sensación y todos buscaban cómo incorporar su uso, hubo un sitio en particular que al implementarlo, cambiaría la manera en cómo se aprecia y presenta una colección de artefactos antiguos.

El Museo Británico se inauguró en 1759 y fue el primer museo público en tener exposiciones tanto de arte, ciencia o historia. En sus inicios, la entrada estaba restringida solo a gente de un círculo social muy pequeño, sería hasta la década de 1830 que el museo abrió sus puertas de un modo relativamente más amplio.

En todo ese tiempo desde su fundación, el museo utilizaba luz natural para que los visitantes pudieran recorrer sus salas, pues era evidente que no utilizaban velas, lámparas de aceite o de gas por temor a incendios, por lo que el museo a menudo se veía obligado a cerrar temprano debido a la poca luz en invierno o durante la niebla londinense.

Sería hasta 1879 (año en que se presentó oficialmente la bombilla eléctrica) que se hicieron pruebas experimentales de luz eléctrica en el vestíbulo principal, la sala de lectura y el patio delantero. Aunque este primer sistema de iluminación no era del todo fiable, en 1884 se finalizó un nuevo espacio para las colecciones de antigüedades y etnografía lo que permitió que tanto la sala de lectura, la biblioteca y algunas salas de exhibición contaran con un espacio más luminoso hasta las 7 pm durante el invierno.

Un fragmento en el periódico The Illustrated London News del 8 de febrero de 1880 menciona lo siguiente:

       

La introducción de la luz eléctrica […] fue declarada como un completo éxito por los distinguidos visitantes del recorrido privado del pasado 28 de enero. Se emplearon lámparas de arco y de incandescencia, las primeras en las galerías de la planta baja, que contienen esculturas griegas y romanas, mármoles de Elgin [procedentes del Partenón de Atenas]y asirios. Las lámparas incandescentes se instalaron en la larga serie de salas de bronce y jarrones y en la galería etnográfica al este del piso superior.

En el mismo diario se menciona la cantidad de lámparas de arco utilizadas en diferentes zonas: 69 en la planta baja, 57 en planta alta y 627 incandescentes en ambos niveles, así como 5 grandes lámparas de arco en la sala de lectura y 200 incandescentes en oficina y pasillos.

Más allá del inventario que se presenta, uno puede hacerse a la idea de lo que significó la integración de cada una de estas luminarias, y aunque por desgracia no se cuenta con una índice preciso sobre el gasto de energía que involucraba el uso de tantas lámparas, se puede hacer una conjetura sobre la generación no muy apropiada de calor y radiación para las exhibiciones (que al menos, por lo que se puede leer, en su mayoría era mármol y bronce, materiales más resistentes a lo que podrían ser pinturas o textiles). Lo que si se menciona es el equipo utilizado para generar la energía:

La corriente necesaria para hacer funcionar las lámparas es generada por 4 máquinas dinamo de Siemens que están conectadas a un cuadro general en la sala de máquinas […]. Los motores han sido suministrados por Marshall Sons and Co. de Gainsborough y el trabajo eléctrico ejecutado por Siemens Brothers and Co.

Al día de hoy el Museo Británico cuenta con un historial un tanto ambivalente. En efecto ha sido el custodio de más de 8 millones de objetos y vestigios que cubren 2 millones de años de historia humana, que quizás de otro modo se hubieran perdido en las turbulencias del tiempo. No obstante, si se analiza en retrospectiva, con los cambios sociopolíticos tras un periodo abiertamente colonial, es más que evidente que muchos de estos artefactos no siempre fueron adquiridos de la manera más honesta o legítima.

Quizás es debate para otro momento, por ahora es hacer mención de cómo este museo fue el precursor de los estudios de curaduría y su vínculo con la iluminación, que si bien tiene un pasado social por demás complejo (como tantas otras circunstancias a lo largo de la historia), al día de hoy ha dejado una línea de estudio con fines provechosos para la conservación de nuestra memoria.

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