Por: Fernando Mazzetti | Cofundador de Neuroiluminación
Esta pregunta circuló fuertemente entre los críticos de arte cuando Dan Flavin (Nueva York, 1933-1996) expone su primera obra usando el tradicional tubo fluorescente. Como suele ocurrir en el mundo del arte las innovaciones disruptivas suelen ser rechazadas y cuestionadas en su lanzamiento. Algunas logran superar ese muro y marcar una tendencia estética, un estilo artístico, una nueva manera de entender el mundo. Flavin lo logró.
Formado en historia del arte y con una etapa temprana marcada por el expresionismo abstracto. El quiebre definitivo llegó el 25 de mayo de 1963, cuando prescindió de todo soporte y colgó un único tubo fluorescente dorado en diagonal sobre la pared: The Diagonal of May 25, 1963 (to Constantin Brâncuși). La obra, homenaje a La columna sin fin del escultor rumano, no representaba nada: era luz encendida, y solo existía como arte mientras permanecía conectada a la corriente eléctrica.
La descontextualización de un objeto utilitario y cotidiano en hogares, industrias u oficinas planteaba, en principio, una discusión y debate de si esa idea era digna de llamarse arte. Casi la misma polémica con Andy Warhol y sus famosas latas de tomates Campbell´s. En este caso dentro del Pop Art. La propuesta de Flavin en el marco conceptual del Minimalismo.
De hecho, en 1964 cuando expuso sus piezas fluorescentes en la Kaymar Gallery de Nueva York, Donald Judd, entonces crítico y artista emergente, celebró su trabajo, marcando el ingreso formal de Flavin al círculo minimalista. Su idea, según explicó él mismo, no era «decorar» con luz sino usarla como «un instrumento más», equiparable a un pincel o un bloque de mármol. Esa desmaterialización del objeto artístico desconcertó al principio a una crítica acostumbrada a juzgar factura técnica y composición, pero terminó por consagrarlo como uno de los renovadores más influyentes del arte entre 1960-1970
Flavin y el minimalismo
Junto con Sol LeWitt, Donald Judd y Carl Andre, Flavin fue una de las figuras principales de la escena del arte minimalista de los años 60 y 70. El minimalismo, como movimiento, operaba bajo una lógica de reducción radical: nada de representación, nada de expresión subjetiva. Solo objetos literales en el espacio real, interactuando con el cuerpo y mirada del espectador y con el espacio que los contenía.
El tubo fluorescente como material, la luz intangible
La linealidad del tubo le permitió a Flavin crear una potente obra vinculando al objeto con composiciones geométricas variadas según su cantidad, longitud, dirección y color. Azul, verde, rosa, amarillo, rojo, ultravioleta y cuatro tonos de blanco fue todo su esquema de color. La combinación de estos generaba infinitas posibilidades esculturales, morfológicas y lumínicas.
Flavin utilizaba la cualidad difusa y omnidireccional de la luz del fluorescente para crear combinaciones de colores que el ojo decodifica como un nuevo color. En ese sentido la mayoría de sus obras interactúan con un muro blanco adyacente como soporte. El observador ve el tubo de color encendido y la reflexión y absorción en el plano vertical. En algunas obras monocromáticas, como las impactantes amarillas o rojas, y en otras creando colores por mezcla. Los gradientes de luz en el muro, sin sombras ni contrastes, combinados con el límite del tubo fluorescente definen un marco físico de la luz.
Villa Panza y el corredor de Flavin
El coleccionista Giuseppe Panza en Varese, Italia reunió la colección permanente más extensa de instalaciones de Flavin en el mundo, integradas a los salones neoclásicos de la villa. La instalación central es Varese Corridor (1976), concebida específicamente para el primer piso del ala de los Rustici (las antiguas caballerizas de la villa). Se trata de 207 tubos de neón de tres longitudes distintas y en tres colores: verde, amarillo y rosa, que se integran en la arquitectura decimonónica del corredor de casi 30 metros de longitud. La obra funciona como columna vertebral física y conceptual del recorrido: a su alrededor se distribuyen las llamadas «stanze» (salas), cada una con una instalación propia, de modo que el visitante atraviesa un a secuencia de ambientes cromáticos antes de llegar a cada sala.

“Dan Flavin. Luz, color y espacio”. Malba
El 12 de junio se inauguró en Malba la mas grande exposición de Flavin en Argentina. Organizada por la Dia Art Foundation, y curada por Jessica Morgan y Min Sun Jeon, institución que custodia casi un centenar de obras del artista. La exposición reúne instalaciones lumínicas producidas entre las décadas de 1960 y 1970.
En la enorme sala 2 del museo se distribuyen en un recorrido perimetral y central las distintas instalaciones. Entre otras, su homenaje al constructivista ruso Vladimir Tatlin o el recuerdo de las víctimas de la guerra en Monument 4 for those Who Have Been Killed in Ambush (to P.K Who Reminded Me About Death


Al final del recorrido una instalación icónica: Sin título (Para ti, Heiner, con admiración y afecto) (1973). La pieza está dedicada a Heiner Friedrich, quien apoyó el trabajo de Flavin tanto como marchante de arte como uno de los fundadores de la Fundación Dia Art en 1974.
Esta pieza actúa como una barrera de luz verde que, literalmente, impide al visitante avanzar hacia el fondo de la sala. Pertenece a una serie iniciada a mediados de los años 60; Flavin realizó muchas barreras en distintos tamaños y colores, que se adaptan a cada espacio expositivo.
Desde la óptica de la iluminación, esta pieza es extraordinaria porque invierte la función convencional de la luz en el espacio expositivo. La iluminación museográfica clásica es funcional: sirve para ver. Aquí, en cambio, la luz es el objeto en sí mismo. La saturación cromática verde, generada por la emisión espectral característica de los tubos de ese color, concentrada en torno a los 540 nanómetros de longitud de onda, crea una cortina inmaterial que el ojo puede atravesar físicamente pero que la percepción rechaza. Es iluminación como forma, puente, frontera y límite.
Hasta el 17 de agosto la exposición permanecerá abierta en Buenos Aires. Cada visitante tendrá la posibilidad de debatir y responder si un tubo fluorescente puede convertirse en arte.

Fernando Mazzetti Cofundador de Neuroiluminación | Buenos Aires. Argentina



