De velas a bombillas eléctricas. La evolución de las luces navideñas

Iluminar un árbol como se hizo en la Navidad de 1903 costaría actualmente 2,000 dólares.

Antes de que las luces navideñas eléctricas fueran uno de los productos más comunes (y asequibles) de esta temporada, las familias del siglo XIX acostumbraban a colocar directamente unas velas sobre el árbol o en el mejor de los casos, en pequeños frascos de vidrio (también llamadas luces de hadas).

Como era de imaginarse, esta práctica a menudo era peligrosa y provocó muchos incendios domésticos, de tal manera que el árbol siempre guardaba un balde de arena (o de agua) pintado de rojo brillante en caso de emergencia. De igual forma, también solían lucir una «alfombra de Navidad» debajo del árbol (el precursor del pie del árbol actual), para mantener las gotas de cera alejadas del suelo.

Poco después del desarrollo de la bombilla eléctrica, Edward H. Johnson, amigo y socio de Thomas Edison, diseñó la primera hilera de luces eléctricas en 1882 al conectar manualmente 80 bombillas rojas, blancas y azules alrededor de un árbol de Navidad ubicado en uno de los almacenes de Edison y este no solo estaba iluminado con electricidad, sino que también giraba.

        

Para darlo a conocer se comunicó con el periodista W.A. Croffut quien describió el espectáculo con las siguientes palabras:

       

En la parte trasera de los hermosos salones, había un gran árbol de Navidad que presentaba un aspecto muy pintoresco y extraño. Estaba brillantemente iluminado con ochenta luces encerradas en estos delicados huevos de vidrio, y divididas casi por igual entre blanco, rojo y azul […]. Difícilmente se puede imaginar algo más bonito.

Aunque el árbol de Johnson se consideró una maravilla y la compañía de Edison intentó comercializarlas, no se hicieron populares de inmediato. El costo y los servicios de un electricista para instalarlas estaba fuera del alcance del público en general. Una serie de 16 bombillas con forma de llama colocadas en casquillos de latón del tamaño de un vaso pequeño se vendía a 12 dólares (aproximadamente unos 350 actuales) en 1900. Sin embargo, a principios del siglo XX comenzó la tradición de tener iluminación pública en los árboles y plazas urbanas.

Esta práctica derivó en tradición a partir de la iluminación del Árbol Nacional de Navidad ubicado en el extremo sur de los terrenos de la Casa Blanca el 24 de diciembre de 1923 por parte del presidente Calvin Coolidge.

Si bien, Thomas Edison y Edward Johnson fueron los primeros en crear series de luz eléctrica en la década de 1880, fue Albert Sadacca quien vio un futuro en la venta de estas luces de colores. La familia Sadacca era propietaria de una empresa de iluminación y en 1917 Albert de 15 años de edad, sugirió que su tienda las ofreciera al público. En la década de 1920, Albert y sus hermanos organizaron la Asociación Nacional de Fabricantes de Ropa (NOMA), una asociación comercial. NOMA pronto se convirtió en NOMA Electric Co., con sus miembros dominando el mercado de luces navideñas hasta la década de 1960.

Es posible que Edison y Johnson pudieran sospechar sobre los alcances comerciales que tendría su idea, pero quizás no habrían imaginado la influencia cultural que alcanzó su invento en cada rincón del mundo. A casi 140 años de su invención, las luces de colores no solo están presentes en temporada navideña, ya que son imprescindibles para todo tipo de festividades y eventos. Ahora más seguras y eficientes, quizás con el único inconveniente  que no se ha logrado solucionar en un siglo…  el reto de lograr desenredarlas.

FUENTES
History of Electric Christmas Tree Lights.
Bill and George Nelson’s Antique Christmas Lights Museum. 
Untangling the History of Christmas Lights 

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