Dualidad, una instalación efímera de Carlos Hano en el Museo Memoria y Tolerancia.

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A través de la pieza diseñada para la premiación de la IV Bienal, el arquitecto buscó plasmar, a través de la luz, cómo en nuestro actuar influyen dos fuerzas.

Dualidad es la pieza que el diseñador de iluminación Carlos Hano realizó con tecnología Ketra de Lutron para la ceremonia de premiación de la IV Bienal de Diseño de Iluminación de Iberoamérica.

Como punto de partida para la instalación efímera del 25 de febrero de 2022 se propuso que conceptualmente dialogara con el espacio que la albergaría, el Museo Memoria y Tolerancia de la Ciudad de México, reconocido por la intención de hacer conciencia sobre los valores humanos y la no violencia a través de la memoria histórica de genocidios y otros crímenes.

[box] Nombre de la instalación: Dualidad
Concepto y diseño: Carlos Hano, Lightchitects Studio
Diseño de control de iluminación: Carlos Vázquez, Lutron Electronics
Equipo utilizado: 28 lámparas Ketra S-30, procesador inalámbrico Athena y Controles Pico
Sede: Museo Memoria y Tolerancia
Fecha: 25 de febrero de 2022

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Para Carlos Hano, la Dualidad es una de las causas por las que suceden acontecimientos como los retratados en el Museo, por lo que plantearon dos fuerzas que interactuaran con las personas para generar una pieza viva. «Nuestra realidad es consecuencia de las acciones y reacciones que tenemos, así como el impacto que tiene el entorno en nosotros mismos».

La pieza Dualidad consistió en una serie de elementos verticales de tela en forma de tubo suspendidos de piso a techo, a una altura de 7 metros aproximadamente, los cuales se crearon especialmente para esta instalación. Para la iluminación se colocaron 28 lámparas PAR30 de Ketra (una por tubo) que, gracias a la programación, generaban un efecto de onda que se movía con el paso del tiempo hasta llegar al punto de quietud.

El arquitecto Carlos Vázquez, del equipo de Lutron, fue el encargado de realizar la programación y en conjunto con el equipo de diseño del despacho Lightchitects encabezado por Carlos Hano, desarrollaron un ciclo de 8 minutos para la instalación que comenzaba con uno de los extremos en movimiento desplazándose hacia el otro -como si de una ola se tratara- y culminaba en estado de inmovilidad.

La pieza podía recibir impulsos que modificaran el ciclo mediante una botonera, por lo que nunca se encontraba en una misma posición.

Durante el desarrollo del proyecto hubo cambios en los planteamientos originales, dada la retroalimentación entre todas las partes involucradas. La idea conceptual era clara: una ola que tuviera impulso rápido de inicio y con el paso del tiempo perdiera fuerza hasta encontrar un punto de calma.

Para lograr la programación óptima se hicieron pruebas con diferentes secuencias de operación, todas ellas fuera del museo que se encontraba abierto al público. Antes del día de la ceremonia, Carlos Hano y Carlos Vázquez solo pudieron realizar un levantamiento para analizar qué espacios podían intervenirse, de qué elementos podían sujetarse piezas, y sobre todo conocer qué sí y qué no se podía hacer al interior del museo.

Las lámparas Ketra permitieron tener dinamismo en la iluminación, diferentes intensidades, temperaturas de color y saturaciones de color. Mientras que la programación dio la flexibilidad de hacer algunos ajustes finales durante la instalación final.

También realizaron pruebas de materialidad y el comportamiento de la luz, así llegaron a la conclusión de colocar lámparas con óptica 15º, que favoreció la dispersión de la iluminación en este gran tubo de tela. Se probaron colores para cada fuerza que daba vida a Dualidad para finalmente probar en conjunto programación y luminarias.

En el Museo la pieza duró en funcionamiento alrededor de 6 horas y mostró la gran capacidad del sistema en términos de programación, ya que Athena de Lutron puede recibir impulsos desde distintos puntos de control de manera indiscriminada sin considerar un intervalo de tiempo, en este caso desde los Controles Pico, y mantiene la configuración que le fue asignada.

La instalación se encontraba colocada sobre una rampa, por lo que cada luminaria tenía una altura diferente, en el lado más desfavorable rondaba los 7.30 metros y 7 metros en el punto más bajo.

Dualidad se volvió un elemento que convivió con el espacio, ambientó el evento y fungió como un gran telón de fondo durante la convivencia de los asistentes.

Fue una instalación bien recibida y que encajaba con la intención del evento y la audiencia, quienes al dialogar sobre la pieza mencionaban que, en términos de luz, todo se trata de percepción, ya que después de contemplarla por un tiempo, la forma de percibir el resto del lugar era distinta.

Fue un proyecto muy bonito con muchos retos, especialmente porque no hubo pruebas en sitios, tratamos de prever muchas cosas desde la experiencia y la imaginación. Fue muy importante la participación de todas las partes que hicieron un gran esfuerzo, equipos de diseño, programación, montaje, producción, logística, entre otros. Fue un trabajo en conjunto de muchas personas

Carlos Hano

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