Espacio, volumen y luz en la obra de Teodoro González de León

En su trabajo exploró la forma sin descuidar la estructura, la textura y la luz.

Uno de los nombres más representativos de la arquitectura mexicana es sin duda Teodoro González de León. Nacido en el año de 1926 tuvo la oportunidad de colaborar en uno de los sitios donde se gestaría la arquitectura que marcaría a toda una generación; el taller de Le Corbusier. A la par de otros grandes arquitectos exploró la pintura y la escultura, herramientas que complementaron su inquietud plástica y compositiva. Durante toda su vida profesional desarrolló proyectos de distintas escalas y colaboró con talentosos arquitectos como Abraham Zabludovsky y Francisco Serrano.

       

Diseñó desde edificios habitacionales hasta museos, oficinas, corporativos y centros comerciales. Su talento le permitió obtener gran cantidad de reconocimientos y premios nacionales e internacionales. En varias zonas de la capital se pueden disfrutar sus edificios y su visión del espacio, sus volumetrías y sus texturas.

Museo Rufino Tamayo

Se encuentra inmerso en el Bosque de Chapultepec de la Ciudad de México y fue diseñado en colaboración con Abraham Zabludovsky con quien trabajó otros importantes edificios tales como el Auditorio Nacional y el Colegio de México. Fue inaugurado en 1981 y cuenta con una enorme colección de arte que contempla importantes autores de la talla de Pablo Picasso, Max Ernst y Mark Rothko entre muchos otros.

El edificio es una pieza importante de la arquitectura mexicana y posee una plástica particular que define sus espacios y transiciones. Cuenta con salientes, oquedades y muros que vuelven dinámico un recorrido entre escaleras, rampas y detalles constructivos. Aquí la luz fluye entre el cristal y los robustos plafones de la cubierta, es un elemento que se integra y da forma a inmensos interiores que juegan entre texturas rugosas y pesadas, un toque característico del arquitecto González de León.

El escalonamiento del edificio recuerda a una sólida pirámide que en su interior se ilumina de forma natural, suave y adecuada. Los contrastes de la luz y la penumbra revelan el paso del tiempo. Permiten mirar al cielo y conectar al espectador con el exterior y con la realidad. La luz aquí construye y articula un espacio sólido, amplio y peculiar concebido para una actividad esencial del ser humano, la contemplación artística.

Vista interior – Museo Rufino Tamayo

Torre Manacar

La Torre cuenta con 29 pisos y un centro comercial en los primeros niveles. Se encuentra sobre la Avenida de los Insurgentes, una de las más importantes de toda la ciudad. La particular forma del edificio es resultado de un profundo análisis de las normativas que determinaron las alturas, los remetimientos y las superficies de desplante de este icónico sitio.

En su interior el vestíbulo de forma elíptica nutre de luz natural a todos los rincones del espacio incluyendo circulaciones perimetrales y áreas comerciales. Un enorme domo central con vidrio que reduce el paso del calor es el encargado de articular toda la iluminación y permitir que los transeúntes disfruten de la luz del sol sin problema, elementos clave para generar una convivencia y confort adecuados. Fórmulas de diseño que parecen sencillas pero que en ocasiones se pasan por alto en desarrollos de este tipo.

El arquitecto propone espacios amplios, bien iluminados y con geometrías simples y majestuosas. El vacío se llena de luz y conecta a los usuarios con los comercios, elevadores y escaleras. El uso del color blanco, los espejos de agua y la vegetación complementan un recorrido adecuado al uso comercial para el que fueron concebidos.

Vista interior – Área comercial de la Torre Manacar

MUAC

Ubicado en la Ciudad Universitaria el MUAC o Museo Universitario de Arte Contemporáneo se erige con una volumetría elemental y elegante dentro del paisaje del sur de la urbe. La entrada de la luz es partícipe desde el acceso, se une al visitante desde los muros, las puertas y las cubiertas. Un importante huésped en la composición espacial que baña las salas, los vestíbulos y los patios.

        

Los acabados son lisos para facilitar el andar de la luz natural. Los parteluces de la cubierta generan suaves sombras que dibujan líneas en el piso. La inclinación de la fachada de cristal se desplanta sobre el terreno rocoso e invita al transeúnte a recorrer y entender este particular edificio.

Un espacio casi transparente en las áreas comunes que se cierra en las zonas de exposición para que los artistas tomen la batuta y determinen las condiciones de iluminación. La luz y la materia contrastan entre terrazas, patios y pasillos. El museo es un abanico espacial de polos opuestos, de vacíos y muros, de espacios abiertos y circulaciones íntimas y de transparencias que permiten disfrutar el andar del sol y salas enormes que nos aíslan del tiempo y el espacio. Todo esto unido para el regocijo del arte contemporáneo.

Teodoro González de León fue un arquitecto que exploró la forma sin descuidar la estructura, la textura y la luz. Sus espacios representan la vida cultural y comercial de los habitantes de la Ciudad. Varias instituciones públicas y privadas le confiaron su identidad espacial y sigue siendo un referente para todos los que vivimos y convivimos en la Ciudad de México.

Vista exterior – Fachada principal

FUENTES

Vida y obra del arquitecto mexicano Teodoro González de León
Museo Universitario de Arte Contemporáneo
Teodoro González de León
Museo Tamayo
Conjunto Manacar
Torre Manacar: Arquitectura Moderna Mexicana, de las Mejores del Mundo

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