A fin de eliminar de habitaciones y superficies de SARSCoV-2, causante del Covid-19, el mercado mundial ofrece productos que emplean la luz Far UVC, la cual oscila entre 207 y 222 nanómetros, y cuya longitud de onda se sabe elimina eficazmente ciertos virus y bacterias sin dañar la piel de las personas expuestas.
Esto se debe a que la luz Far UVC no puede penetrar las capas externas de la piel o el ojo humano, pero debido a que las bacterias y los virus son de dimensiones micrómetricas si puede penetrarlos e inactivarlos.
Los medios de comunicación nos han presentado todo tipo de información acerca de las formas de hacer uso de la luz Far UVC, entre ellas que las fuentes de su irradiación son colocadas en puertas y arcos a fin de descontaminar cabello, piel y ropa de quienes pasan por ellos.
Al respecto, Fred Maxik, un ex científico de la NASA, señaló que “si enfermeras y médicos pasaran a través de un arco del portal cuando entran o salen de una unidad como cuidados intensivos, reduciría drásticamente la posibilidad de que introduzcan coronavirus u otros gérmenes en su ropa o piel”.

Casi cien años de efectividad germicida
Desde la década de 1930 se tienen registros del uso de lámparas germicidas que emiten radiación ultravioleta-C (UV-C). Hasta ahora las más empleadas son lámparas de descarga de vapor de mercurio a baja presión, que básicamente son fluorescentes sin recubrimiento de fósforo y cuarzo que emiten radiación monocromática principalmente a 254 nanómetros de longitud de onda y que es muy efectiva para alterar el ADN de virus, bacterias y otros patógenos.
Igualmente empleados son los LEDs de luz UV-C y lámparas de descarga de xenón pulsado. Sin embargo, ha llamado considerable la atención las lámparas eximer Far UV-C, que si bien tienen las mismas propiedades germicidas que las lámparas de descarga de vapor de mercurio, su radiación de longitud de onda más corta no puede penetrar lo suficiente en las células externas de los ojos y la piel para alterar su ADN.
Al respecto, Ian Ashdown, investigador de la Universidad de British Columbia, Canadá, explica que las lámparas excimer se componen de moléculas diatómicas que forman un plasma cuando una corriente eléctrica pasa a través de ellas. Por ejemplo, una combinación de criptón (Kr) y gases de cloro (Cl) que forman un excímero Kr-Cl emite radiación de 222 nanómetros, mientras que el criptón y el bromo emiten radiación de 207 nanómetros.
“Una característica clave de las lámparas germicidas de cualquier tipo es la dosis de radiación UV-C (irradiación multiplicada por el tiempo de exposición), expresada en milijulios por centímetro cuadrado (mJ / cm2). La dosis requerida depende tanto de la especie patógena a eliminar como del grado deseado de reducción. Por ejemplo, eliminar el 90 por ciento de Escherichia coli O157: H7 -la bacteria que puede causar intoxicación alimentaria a veces mortal- requiere 1,5 mJ / cm2; duplicar la dosis elimina el 99 por ciento, triplicar elimina el 99.9%, y así sucesivamente. Esto se conoce como log 10 («log-ten»), o más comúnmente log”.
La International Ultraviolet Association publica una compilación de los requisitos de dosis para muchos patógenos diferentes, pero los virus en promedio requieren una dosis de aproximadamente 20 mJ / cm2 para una reducción del 90 por ciento cuando se exponen directamente a la radiación UV-C. La mayoría de los estudios a los que se hace referencia en la compilación consideran la radiación de 254 nanómetros de las lámparas de vapor de mercurio de baja presión, comparable a la dosis requerida de las lámparas excimer de 207 nanómetros y 222 nanómetros.
En un estudio publicado por la IES, el mismo doctor Ashdown habla de colocar las lámparas excimer en el marco de una puerta o portal de entrada, como un escáner de seguridad del aeropuerto. Cualquiera que pase por la puerta puede, en teoría, ser desinfectado.
“El objetivo aquí no es diseñar un sistema de desinfección específico, sino considerar los factores que intervienen en su diseño. Lo que aprendemos de este ejercicio puede usarse para guiar el diseño de ingeniería para sistemas de desinfección comercialmente realizables. Conceptualmente, queremos un sistema en el que una persona ingrese a la puerta, realice un giro completo de 360 grados y luego continúe después de ser desinfectada por la (probablemente) segura radiación UV-C de 222 nanómetros”.
El también investigador de SunTracker Technologies Ltd aclara que la American Conference of Governmental Industrial Hygienists (ACGIH) recomienda una exposición máxima de 3.0 mJ / cm2 de radiación ultravioleta de banda ancha (200 nanómetros – 315 nanómetros) por día laboral de 8 horas, y especifica una función de aprobación espectral para evaluar los riesgos ultravioletas para piel y ojos.
“Para la radiación de 222 nanómetros, el factor de peso es 0.12, lo que significa que una exposición máxima de 25 mJ / cm2 es recomendado. Por lo tanto se requeriría una exposición de 20 segundos de 1,000 mW / cm2 para lograr una reducción del virus del 90%; sin embargo, esto se acercaría al límite diario recomendado, que a este nivel de exposición se alcanzaría después de 25 segundos. Esto sería una preocupación no solo para la persona que está siendo irradiada (que podría tener que pasar más de una vez por día), sino también para cualquier personal de servicio que esté parado cerca de la puerta durante períodos prolongados”.
Ian Ashdown advierte de una falla fundamental en este diseño: el virus SARS-CoV-2, que causa COVID-19, parece propagarse principalmente al toser, estornudar y hablar. Incluso si el sistema de desinfección de la puerta fuera capaz de desinfectar adecuadamente las superficies, no tendría ningún efecto en una persona infectada que lo atraviesa.
Finalmente, aclara que nada de lo anterior debe interpretarse como una crítica a las lámparas excimer Far UV para la desinfección de habitaciones. Según la evidencia hasta la fecha parecen ser más seguros e igual de efectivos que las lámparas de descarga de vapor de mercurio a baja presión, para la desinfección del aire de la habitación y de la superficie en espacios desocupados. Sin embargo, se requiere más investigación para determinar si se pueden exceder las recomendaciones de dosis de ACGIH existentes para la radiación Far ultravioleta.
Fuentes bibliográficas
Nature. Far-UVC light: A new tool to control the spread of airborne-mediated microbial diseases




