iGuzzini y Social LightScape Workshop: una nueva luz para el suburbio romano Giorgio Morandi

La iluminación busca crear puentes sociales en el conjunto habitacional de interés social en la periferia de Roma

La iluminación es un elemento social, con el potencial de unir al igual que de separar, un elemento que puede construir lazos sociales, que invita a la convivencia, da confianza y seguridad. iGuzzini, consciente de la importancia de la iluminación como modeladora de relaciones sociales prestó su apoyo a Social LightScapes Workshop (SLSW). Este fue un proyecto organizado por Configuring Light de la London School of Economics, the Social Lighting Movement y King’s College London en que se realizaron talleres de iluminación en diversas partes del mundo (Italia, Rumania, Australia, Omán y Francia). Su objetivo fue lograr un cambio microsocial en el espacio en que se intervenía para el beneficio de la comunidad a través de la iluminación. Las experiencias de este trabajo quedaron plasmadas en el libro Social LightScape Workshops. Social Research in Design for Lighting Professionals, una invitación a iluminar a partir del conocimiento de la sociedad que habita los espacios.

El proyecto llevó luz a áreas marginadas u olvidadas por la gente. Pero no una luz exclusivamente para alumbrar, sino una adecuada a las necesidades del espacio –necesidades determinadas por los mismos usuarios– para generar un cambio social en el espacio intervenido. Con este objetivo en mente se realizó una investigación social para saber qué es lo que la gente necesitaba, qué es lo que la comunidad deseaba y cómo la iluminación puede impactar en las relaciones sociales.

Luz para Giorgio Morandi

Uno de los talleres se llevó a cabo en el conjunto de edificios habitacionales de interés social, llamado Giorgio Morandi, ubicado en un área periférica de Roma: Tor Sapienza. Éste lugar es usualmente identificado por los medios como un ejemplo de desconexión social y marginalidad. Tor Sapienza tiene reputación, no sólo de un lugar de desorden pero también de un lugar de conflictos étnico, un lugar de división, desconfianza, conflicto abierto y falta de contacto entre grupos. Además, es un espacio que ha sido centro de acogida de migrantes y refugiados, desde los años 50 a la actualidad, asimismo un lugar de asentamientos gitanos. Los participantes del taller buscaron cambiar esta visión que hay sobre la zona en la que viven, hacer que sea vista también como parte de Roma y no uno más de sus suburbios periféricos y problemáticos; mostrar a esta zona de la ciudad como un mosaico de diversidad.

En el taller colaboraron la Università Roma 3, el Centro Culturale Morandi, habitantes de los bloques de vivienda social y estudiantes de arquitectura y ciencias sociales. El reto al que iGuzzini se sumaba al brindar su apoyo pretendía ayudar a desmarginalizar una zona periférica que por décadas ha sido sinónimo de exclusión. La empresa italiana hacía de su especialidad, la iluminación, una herramienta para la creación de tejido social.

La luz –escribieron los coordinadores del proyecto– no debe ser un elemento que se sume a las desigualdades que ya padecen estas comunidades. “Los sofisticados diseños de iluminación están usualmente reservados para los centros culturales y económicos de las ciudades, distritos comerciales y centros patrimoniales. Las áreas periféricas, las zonas residenciales de las clases trabajadoras, y las zonas habitacionales de interés social cuentan, en el mejor de los casos, con una luz meramente funcional (por seguridad); en el peor de los casos, estos lugares son asumidos como espacios de desorden público, que deben de estar intensamente iluminados para labores policiacas y de vigilancia. La iluminación por lo tanto, refleja y reproduce tanto las inequidades sociales como la organización de los espacios públicos urbanos.” (1)

Taller y grupos de trabajo

El taller se llevó a cabo en los bloques habitaciones de Morandi. A estudiantes y habitantes se les pidió que decidieran los lugares en los que quisieran colocar las luminarias según su experiencia cotidiana: fachadas, entradas a los edificios, campos de juego, incluso edificios en desuso, fueron algunos de los espacios seleccionados. Se organizaron cuatro grupos con los participantes y cada uno se enfocó en cierta área.

Un primer grupo entrevistó a personas del centro de la ciudad –Roma– sobre la idea y percepción que tenían de la periférica Morandi. De igual manera se preguntó a los habitantes del conjunto habitacional cuál creían que era la percepción que tenían los habitantes del centro de la ciudad sobre ellos. Esto arrojó luz sobre los contrastes entre cómo los residentes y los no residentes entendían la vida social en el lugar.

La iluminación, en este caso, tiene el potencial de atender algunas problemáticas de manera directa: iluminar las entradas al conjunto habitacional y los bloques de edificios de vivienda social para crear un atmósfera de mayor confianza. Había que cambiar el tono amenazante que anteriormente se podía sentir y, por el contrario, atraer la mirada de las personas al lugar por medio de la luz.

Otro grupo examinó el espacio interno de Morandi el cual cuenta con varios espacios recreativos, campos deportivos, áreas de juego y pequeñas plazas con bancas. Sin embargo, estas áreas estaban esparcidas y desconectadas entre sí y había pocas coincidencias entre los usuarios. Esta situación se acentuaba especialmente en las noches, las personas sentían que la falta de luz volvía a los lugares inutilizables por las noches, y pocas personas querían moverse a estos espacios a través de los edificios. La estrategia de iluminación trabajó con las canchas deportivas para que pudieran ser atractivas incluso tras caer el sol, pero también hacerlas un faro para conectar a las personas a través de los edificios habitacionales.

Un tercer grupo se encargó de las fachadas de los bloques residenciales y los espacios comunes en la planta baja. La solución no era homogenizar la iluminación, al contrario, querían que la iluminación representara el mosaico de diversidad de sus habitantes. La luz debía trasmitir una acogida, brindar un punto de encuentro pero –se pensó– que debía reflejar la identidad de quienes ahí coexisten y hacen su día a día.

Un último grupo tomó la tarea de iluminar los edificios alargados, diseñados en un principio para albergar tiendas para los habitantes pero que cerraron pronto sus puertas. Estos espacios, llamados “los túneles”, fueron tomados por refugiados y migrantes como espacio de vivienda y han dedicado su energía para convertirlos en hogares habitables con sus propios espacios públicos.


En las zonas periféricas, alejadas a veces por varias horas de los centro de trabajo de de sus habitantes deben, ser por lo menos, lugares de verdadera acogida y recreación. No un lugar al que hay que llegar tras las jornadas laborales a guardarse entre paredes y oscuridad, sino un lugar un lugar que pueda sentirse como un espacio propio y disfrutable. Un espacio que cree puntos de encuentro entre sus habitantes, con una iluminación que invite a salir y a vivir los espacios.

La luz debe ser para todos. A través de estos talleres el Social Light Movement, Configuring Light, con el patrocinio de iGuzzini y universidades están dando pauta para trabajar por una iluminación justa, que una, que cobije y que atraiga. Hacer del diseño de iluminación no un signo de desigualdad para unos cuantos sino un bien para todos. El apoyo de empresas, arquitectos, científicos sociales y diseñadores de iluminación es necesario para hacer frente a este gran reto.

Notas:
(1) Social LightScapes Workshops, p. 67.

Deja un comentario

Descubre más desde Iluminet revista de iluminación

Suscríbete ahora para seguir leyendo y obtener acceso al archivo completo.

Seguir leyendo