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Cuando el incendio de 2019 arrasó con la cubierta y la aguja de la catedral de Notre Dame de París, no solo se consumió una parte del patrimonio material de Francia y del mundo. También se avivó un debate sobre cómo intervenir en un edificio que, durante más de ocho siglos, ha sido símbolo de espiritualidad, arquitectura y arte. A poco más de medio año de su reapertura al público, la catedral resurge y uno de los aspectos quizás más determinantes en la experiencia del espacio es su nuevo diseño de iluminación.

El artista y diseñador de iluminación Patrick Rimoux fue el encargado de iluminar Notre Dame en esta nueva etapa. Su propuesta tuvo un fuerte componente artístico, para ello, optaron por utilizar luminarias de marcas como Zumtobel, Thorn, Osram y Sill que fueron cuidadosamente integradas para no interferir con los elementos arquitectónicos, y se incorporaron capas de iluminación para destacar tanto las esculturas, vitrales, bóvedas y naves. En palabras del propio Rimoux, se trata de esculpir con luz.

Este enfoque sin duda, tiene un discurso, crear una experiencia inmersiva, emotiva, casi teatral, que respete la espiritualidad del lugar y al mismo tiempo introduzca una mirada contemporánea. Sin embargo, vale la pena detenernos a pensar si esta nueva interpretación no corre el riesgo de alejarse demasiado de la intención original que guiaba la iluminación gótica o si es válido en pos de revelar cada detalle de su construcción, iluminar hasta las altas bóvedas.

«Algunos la encuentran muy brillante al inicio pero es porque estaban acostumbrados a la oscuridad» Patrick Rimoux

Imágenes: Designing Lighting Global febrero 2025

La luz en las catedrales medievales no era simplemente un recurso técnico, era un símbolo. La arquitectura gótica se diseñó para elevar el espíritu y su relación con la luz obedecía a una cosmovisión en la que el claroscuro y los vitrales estaban profundamente cargados de significado y dirección. La luz natural que filtraban las ojivas y rosetones no solo permitía ver, sino sentir. Era una iluminación introspectiva, sagrada, que invitaba al recogimiento y a la contemplación. ¿Cómo preservar esa dimensión espiritual en una propuesta que, por momentos, parece más estética que simbólica?

Esto no significa que debamos rechazar la intervención contemporánea, al contrario, el reto está en contextualizar. En comprender que iluminar un espacio como Notre Dame exige mirar más allá de la técnica o del arte, exige entender la historia, el entorno, la intención fundacional del edificio. Solo así es posible proponer una iluminación que no sustituya, sino que dialogue con su pasado.

Lo ocurrido con Notre Dame debe ser leído también como una lección global. La restauración de un ícono patrimonial no es solo un desafío arquitectónico o técnico, sino un ejercicio ético. Cada elección estructural, estética o lumínica implica una postura frente a la historia. Por eso, más allá del asombro que pueda generar esta “nueva” Notre Dame, es necesario preguntarnos: ¿estamos iluminando el futuro sin oscurecer el pasado? El renacer de Notre Dame es, sin duda, un motivo de entusiasmo, pero también un recordatorio de nuestra responsabilidad colectiva para proteger y reinterpretar el legado que recibimos.

Biblografía

Lighting The Soul of Notre Dame: An Interview with Patrick Rimoux
Illuminating Notre-Dame de Paris: A Collaboration with Patrick Rimoux
At Notre Dame, light, also, is sculpted
Lighting The Soul Of Notre Dame Part II

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