

Jacqueline Hen condujo al público hacia un mundo infinito a través de su obra “Light High”, que invitaba a caminar sobre una superficie de espejo donde las líneas se quebraban y se distorsionaba el límite entre el comienzo y el final de un camino incierto. Como en un sueño o un efecto embriagador, la realidad se volvía líquida y planteaba interrogantes sobre la percepción y el sentido de control, tal como la inteligencia artificial que nublaba el juicio y no permitía distinguir entre lo real y lo virtual.


Gali May Lucas presentó su obra “Absorbed by Light, que constaba de tres figuras en un banco que representaban a usuarios típicos de teléfonos inteligentes. Esta pieza encarnaba la cruda realidad en donde el humano está físicamente presente, pero su mente está en otro lado siendo absorbida por las pantallas de sus dispositivos móviles. Absorbed by Light invitaba a cuestionar la relación entre la vida humana y la realidad virtual y superficial que ha tomado control sobre la interacción y el contacto físico.


La pieza “Modern Guru and the Path to Artificial Happiness” del artista Eness, exploró el valle de las montañas digitales a través de un gurú con cuatro ojos que generaba mensajes mediante la inteligencia artificial. El cual planteó la pregunta de si la tecnología podría proporcionar conocimientos que la naturaleza no. Este cuestionamiento cobra sentido en un contexto donde hemos optado por buscar respuestas en la tecnología, a diferencia del pasado, cuando el humano buscaba respuestas en el mundo físico para su propia introspección. Esta transición ha contribuido a una dependencia hacia la tecnología y ha llevado a un menor cuestionamiento de nuestras propias vidas.


En síntesis, las obras expuestas en la edición 12 del Amsterdam Light Festival abordaron de manera significativa la creciente influencia de la tecnología en la vida cotidiana y su gran impacto en nuestra percepción humana de la realidad y el control. La intervención de los dispositivos inteligentes ha provocado una desconexión que, si bien ha facilitado y beneficiado algunos aspectos de la vida, también ha repercutido en un preocupante aislamiento social al reducir la importancia de la interacción y el contacto físico.
Finalmente, la relevancia del arte lumínico como un medio que aborda estas problemáticas de manera crítica y estética permite que el público tome conciencia de la realidad en la que está inmerso. Además, cuestiona el camino que hemos tomado hacia una dependencia tecnológica, especialmente en lo que respecta al conocimiento y la búsqueda de una felicidad instantánea y digital.




El arte lumínico fusiona luz y creatividad para dar vida a experiencias visuales únicas. Con su juego de sombras y colores, ilumina el alma y transforma el entorno en un lienzo efímero.