De las imágenes mentales se van construyendo los conceptos. Ideas que conjugan la experiencia que atrapan los sentidos y todas las abstracciones y proyecciones que ocurren en el cerebro. Un complejo ir y venir de datos que se administran, analizan y recuerdan casi al instante. Su inmensa complejidad abarca significados distintos para cada época, lugar y disciplina.
De esa vastedad se distinguen algunos que existen solo en su idioma original, carecen de una traducción fiel por su carácter técnico, rebuscado o poético. En esta última clasificación se encuentran dos del idioma japones que conjugan elementos de la naturaleza y del confort; Komorebi y Yugen.
Komorebi
Komorebi es un concepto simple y profundo, perpetuo y dinámico, remite a la luz que atraviesa por entre las ramas y hojas de los árboles, un suceso que sin duda todos han visto pero que para nombrarlo recurren a una extensa construcción gramatical. No existe en el idioma español una sola frase que lo encuadre por completo.

Un evento que se percibe a diario y que en muchos aspectos se pasa por alto, una imagen que remite a la relajación y a la relación intrínseca entre la luz y su constante fluir por las formas de la naturaleza.
Su incorporación en la arquitectura resulta en un baño de siluetas finas, autónomas y bien proporcionadas, sonidos traducidos a luz y sombra que hacen vibrar al espacio, una veladura de tonos sutiles que permea los rincones de cada habitación. Un diseño que exige la correcta ubicación de ventanas, domos y cancelería en general. Que considera al sol, a la vegetación y al correcto diseño de sus sombras a través del espacio. Integrar el Komorebi significa una planeación detallada de toda la atmosfera interior. Un aporte importante a la estética y al confort espacial. Un pasaje al espacio primigenio de la raza humana compuesto por árboles, plantas, sombra y paz.

Yugen
El concepto de Yugen es aún más poético y fugaz, tiene que ver con la belleza que no se deja ver por completo, la que es misterio, la que es delicada y profunda. Un concepto que remite a lo inexplicable, a lo que no puede ser delimitado. Un aspecto necesario para cumplir una función peculiar, acallar las necesidades del alma, alcanzar el confort del espíritu.
Aquí la penumbra es la iluminación predilecta, crear ambientes íntimos, que la luz fluya sutil por los huecos de las ventanas, que escurra lentamente por paredes y pisos, que se arrastre con el pasar de las horas. La implementación de materiales naturales aporta detalles, vetas, texturas y claroscuros, un lienzo perfecto para recibir los contrastes de la luz. Lo sostenible y lo local siempre crean una sinergia contundente. El espacio juega un papel importante, los recorridos, escalas y formas trabajan de la mano para generar el misterio y belleza anhelados en el Yugen. Los lugares de descanso, lectura y contemplación se verán beneficiados con dichas premisas. La insinuación, oscuridad y evocación son armas de seducción que usa el espacio y la arquitectura para hacer que la imaginación complete la escena.
La mente busca referencias naturales, ambientes que han sido placenteros desde hace siglos, recostarse en un bosque, caminar entre la penumbra de la tarde y dejarse perder entre las sombras de la imaginación son transportes que nos arrastran al origen de la paz, una conexión necesaria entre la naturaleza y el hombre.

BIBLIOGRAFÍA


