“Yo elegí el arte”, entrevista con László Bordos

Uno de los artistas más reconocidos del 3D videmapping habla sobre su trabajo

Bordos bellas artes

Por Lucía Rojo 

Un montón de almas frente al Palacio de Bellas Artes. No me atrevería a contarlas a esta hora de la noche y con la poca luz. Son tantas que han desbordado las aceras e invaden los carriles de los coches. Algunas se sientan en la explanada con las piernas cruzadas, miran la fachada del edificio con los cuellos estirados y las cabezas ladeadas. Otros migran en pequeños grupos buscando una mejor posición, “desde aquí se ve mejor, allá nos tapaba la estatua. Ven Ale, dame la mano”. Toma un par de minutos moverse unos cinco metros y de ninguna forma puede evitarse un continuo chocar los hombros con desconocidos que bailan a un mismo son.
Un reloj de números verdes flota en la fachada de Bellas Artes. Va en cuenta regresiva y quedan dos minutos. “¡Lleve su láser, lleve su láser para el festival!”. Las caras se alzan desde la banqueta del edificio de Correos hasta el parque de la Alameda en una misma línea, como los puntos suspensivos de un texto que no termina. De pronto la gente une sus voces a la cuenta regresiva, espontáneamente aplauden a un ritmo: “Cinco, cuatro, tres, dos…”
“En mi experiencia, cuando la gente ve un 3D videomapping, ellos intentan entender lo que están viendo, pero no lo logran muy bien y por esta razón experimentan una gran emoción por la excitación visual”, László Bordos habla con gentileza, como si la prisa de la Ciudad de México no pudiera afectarlo todavía. El húngaro que presentó su proyección 3D videmapping en la edición 2015 de Filux, en el Palacio de Bellas Artes, usa unas bermudas beige y unos huaraches que lo delatan en sus falsas vacaciones. El artista ha viajado de un extremo al otro del mundo proyectando en lugares como el Burj Al Arab (el hotel más caro del mundo), como la Torre Eiffel, el Museo de Arte e Historia de Génova y la Plaza de la República Armenia, entre muchos otros.
“La luz y la sombra son una forma de modificar el espacio, modificar nuestra sensación de percepción del espacio. Cuando usas luz y sombras tú puedes manipular la perspectiva, puedes mantener la vibración del espacio o puedes darle otra interpretación; en el 3D videmapping todo esto puede hacerse fácilmente”. Enfrente de Bellas Artes la audiencia suelta un “wow” a un tiempo, como por indicación de batuta, cuando la figura del edificio definida en puntillismo se deforma. Los puntos se mueven aleatoriamente en remolinos, como si el aire que despeina las cabezas también hubiera logrado con su fuerza soplar las paredes y ventanas.
Laszlo bordos
“La cosa con el 3D videomapping es que estamos hablando de un arte visual totalmente nuevo que no se había visto antes, por esta razón la audiencia puede ver desde un punto de vista participativo y son empujados hacia otras formas interpretativas. Creo que esta es la característica más importante que nos brinda el 3D videomapping, que cuando una persona está viendo una proyección en la fachada de un edificio, ella piensa que entiende las reglas de perspectiva y todo lo que está mirando, pero de pronto se le mueve de esos términos y eso les da algo así como mucho asombro visual. Creo que esa es la explicación de por qué tanta gente va a las proyecciones de mapping en el mundo. Es una experiencia ambivalente porque es tanto para el público como para el artista. El artista tiene el mismo sentimiento de entusiasmo”.
Durante un segundo o dos la plaza queda a oscuras. Nadie se mueve. Un zumbido grave sale de las bocinas, parece una abejorro gigante que ha decidido aterrizar en el edificio. Al mismo tiempo se proyectan unas líneas verticales sobre Bellas Artes. Las lineas se inclinan un poco hacia afuera y crecen. Crecen lento, y todo Bellas Artes se expande como si respirara. Más y más amplio, en cualquier momento el mármol podría prensar los pies de los primeros espectadores.
“Las fórmulas nunca funcionan, esa es la fórmula. La parte difícil de ser original todo el tiempo es hacer las cosas con calidad, pero por otro lado, creo que lo más importante es empujar siempre las barreras y tus propios límites para poder salir lo más que se pueda de tu propia manera de expresarte. Lo que quiero decir es que mientras estoy trabajando o cuando voy cada mes a un país diferente con un proyecto, no estoy preparando ese proyecto en específico; pero si estoy en un proceso creativo y siempre estoy buscando nuevas formas expresivas.” Acerco un poco más la grabadora hacia mi interlocutor. László no parece darse cuenta, está concentrado intentando explicarme la parte más compleja de su trabajo.
Con su primer 3D videomapping en el 2007, László se convirtió en un pionero de esta técnica en el mundo. “Debo preparar los proyectos en mi mente un par de meses antes porque los proyectos van y vienen muy rápido. Debo pensar, por ejemplo, qué quiero hacer, cuál es la sensación que quiero explorar en un trabajo, por eso es que tengo mucho que pensar por adelantado. Así que cuando alguien ve uno de mis trabajos no sólo esta viendo los 2 o 3 meses que pasé realizando en el software, sino mucho más. Esto implica mucho tiempo, las buenas cosas implican mucho tiempo”.
Sus ojos azules parecen buscar las palabras correctas en las paredes del restaurante en el que estamos. Frunce el ceño y mueve las manos lentamente, como moldeando la idea con los dedos. “Nosotros decíamos ahorita que este es un nuevo arte visual, pero en algunos años, en pocos años, muchos clichés han aparecido. Todo el mundo está haciendo las mismas cosas. Cuando tú quieres ser original, lo más importante es evitar los clichés. Yo diría que eso es lo número uno. Aunque por otro lado, los clichés como el de un edificio colapsando, que lo puedes ver en todos lados, en realidad es algo que se ve bien, a la gente le gusta ver eso. Pero cuando se usa tantas veces, se vuelve vacío. Ese vacío es en realidad un problema para el 3D mapping porque creo que es una gran responsabilidad del artista mostrar algo original, mostrar nuevas cosas y no sólo clichés. Y esto es difícil, además porque uno se arriesga a hacer cosas que tal vez no se verán tan bien. Pero yo prefiero hacer eso que estar repitiendo siempre lo mismo.”
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En el centro de la fachada de Bellas Artes colindan la figura de un cráneo humano y una espina dorsal. Algunos de los espectadores entrecierran los ojos y otros tuercen la cabeza. Las imágenes no alcanzan a distinguirse con claridad porque la plaza se encuentra mucho más iluminada de lo que debería. Una tienda de ropa de doce pisos frente al Palacio no apagó sus luces y ahora esa luz se escapa hasta la proyección de László. Días después me enteré de lo contrariado que estaba el artista porque una proyección 3D mapping debe realizarse con la mayor oscuridad, si no el efecto de perspectiva y la ilusión del arte se pierden.
“Paso mucho tiempo trabajando. Si tú quieres que algo tenga una calidad promedio, entonces deberás trabajar un tiempo promedio; pero si quieres que algo salga mucho mejor, entonces deberás trabajar más. Yo trato de conectar los efectos individuales, de hacer estructuras completas. Antes yo hacía muchos proyectos solamente usando figuras geométricas y después de un rato se volvió demasiado vacío. Las figuras geométricas en realidad se ven muy bien, pero si se les usa mucho, por lo menos para mí, se vuelven vacías. Así que empecé a incluir y mezclar elementos figurativos en la animación pero de una forma abstracta y la colisión que se dio entre estos elementos visuales totalmente diferentes fue algo emocionante. Por ejemplo, aquí en México, en el Palacio de Bellas Artes, yo jugué con formas geométricas que de pronto se disuelven en formas muy orgánicas y vuelven a algo más rígido y así.”

“Yo creo que el deber de los artistas es mostrar arte y tomar ese riesgo de no estar con la tendencia o de hacer algo que no se vea tan bien”

Entre las personas que pueblan la plaza, unos andamios como árboles apartan a la muchedumbre. Los tubos de metal sostienen unos proyectores del tamaño de una maleta a cuatro metros del piso. Desde ahí el rayo de luz se abre como en las salas de cine, con la inevitable tentación que conlleva el querer meter la mano e interrumpir la función. En la base de los andamios unas mesas, unos miembros del ‘staff’, unas computadoras y cables. Cables negros, azules, largos, cortos, gruesos y extragruesos.
“El equipo de producción ha sido muy muy bueno. Con los organizadores de Filux nos enviamos cientos de emails para elegir entre los miles de accesorios que podíamos usar, fue un proceso muy muy largo definir dónde estarían las torres de los proyectores y así definir todo por adelantado. Ayer y anteayer estuve en el lugar de la proyección y pude percibir una actitud muy buena, ellos estaban trabajando con mucha precisión. Siempre que veo unos binoculares en la mesa de la instalación pienso que el equipo de producción es bueno.”
László sonríe apenas. Parece un hombre discreto y prudente. Demasiado tranquilo para haber comenzado su carrera como videojockey en fiestas húngaras underground. “Yo no soy un programador, yo soy un artista que usa las herramientas de un programador y puedo experimentar de una forma visual porque juego con la perspectiva, juego con el espacio 3D. Cuando un festival me invita a participar en su ciudad, como Filux en este caso, no sé qué tipo de audiencia tendremos, qué tipo de gente vendrá. Pero estoy seguro que muchos de ellos, la gran mayoría están esperando un show de entretenimiento, pero es mi responsabilidad enseñarles otra cosa. Yo creo que el deber de los artistas es mostrar arte y tomar ese riesgo de no estar con la tendencia o de hacer algo que no se vea tan bien desde algunos puntos de vista; pero ese es un riesgo que se debe correr. Porque los espectadores pueden estar tan contentos con el arte como lo están con el entretenimiento. Y ahí depende del artista qué es lo que elegirá. Yo elegí el arte.”
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1 comentario en «“Yo elegí el arte”, entrevista con László Bordos»

  1. Siempre me ha parecido único el arte abstracto, es como poner a pintar tu imaginación, compartirla e incentivar en alguien más la creatividad. Cada espectador le da un nombre, un origen, una forma a la obra abstracta ¡Mágico! Tomar el puntillismo y llevarlo a nivel de lo abstracto es una proeza, una innovación que hay que aplaudir. Gabino Amaya Cacho es el precursor de esta tendencia, sin duda, antes o después de ella, su trabajo es admirable. Cacho también pintó cuadros destacados como Neptuno, El Morralero, Concierto para Venus, Girls playing in the tree, Icarus and Daedalus y The dream of Jacob.

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