Luminarias prehistóricas y la cueva de Altamira

A 140 años de su descubrimiento y a 20,000 años de su uso, cómo era la iluminación en la prehistoria 

Hoy 24 de septiembre se conmemora el descubrimiento de una de las pinturas rupestres más antiguas y mejor conservadas del mundo ubicadas en la cueva de Altamira, España. Para los amantes del arte o de la historia (prehistoria, de hecho) puede significar un testimonio magnífico del pasado o una lección de la evolución del comportamiento social y artístico de nuestros ancestros, pero ¿por qué sería importante para el mundo de la iluminación?

       

El primer encuentro entre la luz y el arte 

En pocas palabras se puede decir que fue en este momento cuando surgió la idea de usar la iluminación como una herramienta no solo para sobrevivir, es el instante en que a través de la luz se generaron las primeras chispas artísticas (aunque fueran involuntarias).

Autor: Arturo Asensio. Exposición «Mirada del Paleolítico»

En general este tipo de pinturas datan del paleolítico superior (hace unos 40,000 años), periodo en el que la humanidad ya era capaz de reconocer los cambios de estación, creaba utensilios de piedra tallada y sabía utilizar el fuego como protección y defensa, razón que les brindó el “tiempo extra” para comenzar a reflexionar sobre la naturaleza de su entorno mientras lo plasmaban en las superficie de las rocas.

A decir verdad, los arqueólogos y paleontólogos no terminan de ponerse de acuerdo respecto al objetivo detrás de estas acciones. Ya fuese por un incipiente desarrollo de conceptos mágicos para propiciar la cacería o simplemente como una actividad lúdica, lo que sí es un hecho fue el contexto y las herramientas que utilizaron en su proceder, que finalmente derivó en los primeros testimonios artísticos como humanidad. 

En cuevas como la de Altamira, Chauvet, Lascaux, entre otras, las galerías donde se encuentran este tipo de pinturas suelen ubicarse en áreas de difícil acceso y completa oscuridad, lo que explica que usaran distintos sistemas de lámparas de mano capaces de producir la suficiente luz por un tiempo prolongado.

Existieron principalmente tres diseños de estas luminarias que fueron clasificados de la siguiente manera:

  • Circuito abierto: Lajas de piedra apenas alteradas. Al encender la lámpara, la grasa derretida se va escurriendo por las grietas naturales de la piedra.
  • Circuito cerrado: Las de este tipo poseen una pequeña perforación para el combustible y la mecha.
  • Circuito cerrado con mango: Similar al anterior poseen una cavidad que sirve de cámara de combustión, pero presentan un acabado más fino y cuentan con un mango para facilitar su manejo

Por lo general, se considera que aquellas con salida o canales eran las que daban una mejor solución ya que se podía escurrir la grasa o el material derretido y así no ahogar la flama.

¿Y cuánta luz podían proporcionar?

        

A través de ensayo y error fueron descubriendo la manera de hacer más eficiente y duradero su invento, ya que si atendemos únicamente a la temperatura y luminosidad se podría decir que el mejor material era la resina, no obstante tenía muy poca duración en comparación de la cera de abeja o el tuétano. 

Un experimento realizado por arqueólogos de la Universidad Autónoma de Madrid puso a prueba estos materiales para comprobar su eficiencia.

  • Lámparas de cera: Al momento de encender la mecha marca 0,13 luxes, pasada media hora disminuye a 0,03 luxes con una durabilidad máxima de dos horas y media. Su luz es relativamente fría.
  • Sebo de animal: Con una luz más blanca, ofrece durante media hora alrededor de 0,15 luxes hasta consumirse después de hora y media. 
  • Lámparas de tuétano: Por su tipo de composición no genera humo, al encenderla comienza con 0,12 luxes de intensidad, llegando a un máximo entre 0,20 – 0,23 después de 5 horas y una capacidad de seis horas y media.

Si tomamos en cuenta que la percepción humana del color se distorsiona cuando los niveles son inferiores a 150 luxes, es evidente que la capacidad de iluminación en todos estos casos está muy por debajo de lo mínimo, incluso inferior a la de una vela convencional; sin embargo, existe la posibilidad de que usaran simultáneamente varios de estos artefactos o bien tuvieran una luz suplementaria a una distancia considerable, aunque son escasos este tipo de rastros en los descubrimientos arqueológicos en este tipo de cuevas.

Como ya se mencionó, aunque todavía existe el debate respecto al objetivo real de estas pinturas, podemos permitimos imaginar el momento exacto en que estos artistas untaban sus manos con arcilla, mientras se esforzaban por trazar aquellos bisontes y ciervos con apenas una flama vacilante. De esta forma nos es más fácil apreciar y sobre todo valorar el largo recorrido que hemos hecho en cuanto a nuestra relación no solo funcional sino amistosa con la luz. 

Cueva de Lascaux, Francia

FUENTES 

Cueva de Ardales (Málaga): el ‘Homo sapiens’ utilizó cera de abeja para hacer lámparas
Las lámparas de la Edad de Hielo
Una lámpara de tuétano. Luz sin humo
El contexto del arte parietal. La tecnología de los artistas en la cueva de Tito Bustillo (Asturias)
a) Los métodos de iluminación durante el paleolítico en la península ibérica.

Deja un comentario

Descubre más desde Iluminet revista de iluminación

Suscríbete ahora para seguir leyendo y obtener acceso al archivo completo.

Seguir leyendo