Luz, arqueología y conservación

La iluminación y el patrimonio arqueológico tienen una relación compleja. Ambas se necesitan pero deben proceder con cautela para no sufrir daños.

«Al principio no pude ver nada, el aire caliente que escapaba de la cámara hacía titilar la llama de la vela, de pronto, cuando mis ojos se acostumbraron a la luz, los detalles de la habitación emergieron lentamente de las tinieblas. Animales extraños, estatuas y oro, por todas partes el brillo del oro. Un segundo debió parecerles eterno a los otros […] ¿Puede ver algo? Si, cosas maravillosas» Howard Carter durante la excavación de la tumba de Tutankamón.

Fue en noviembre de 1922 cuando Howard Carter logró entrar a una cámara funeraria completamente intacta. Un espacio que había permanecido en completa oscuridad por más de 3 mil años. Una pequeña y discreta protagonista de esta historia fue aquella pequeña vela que permitió el primer vistazo a uno de los hallazgos más significativos en el oficio de la arqueología.

        

¿Por qué sería importante tomarla en cuenta si solo fue una herramienta más? Desde los inicios de esta disciplina es evidente que siempre fue necesaria una fuente de luz ya sea natural o artificial que ayudara en excavaciones y expediciones. Sin embargo, el poco conocimiento de los efectos del espectro sobre pigmentos y materiales (así como de otro tipo de precauciones) dieron como resultado el daño o desgaste de diversos hallazgos a finales del siglo XIX.  En principio puede sonar dramático pero se debe comprender que en su momento no se contaba con información ni protocolos que especificaran cómo debería ser el tratamiento de las piezas o los espacios.

Con el paso del tiempo, la metodología fue mejorando y si bien, el uso directo de la iluminación en la mayoría de las excavaciones actuales se usa de manera puntual, por regla general es conveniente que no genere demasiado calor ni que se mantenga expuesta por periodos prolongados a un espectro superior a 5000 K.

La participación más constante de la luz y en la que se debe tener más cuidado, son los aspectos de conservación y exposición. En estos casos la luz interactúa como discurso y herramienta.

Un ejemplo es en el Valle de los Reyes en Egipto, muchas de las pinturas murales que identifican los rituales y estilos de vida antiguos se encuentran en buenas condiciones, ya que las tumbas se abrieron al público recientemente. Sin embargo, otros espacios con mayor actividad de turistas han resultado en el deterioro de las pinturas murales debido en parte al exceso de humedad, la calidad de la iluminación y altas temperaturas, por lo tanto deben tomarse medidas adecuadas para preservar las tumbas y su contenido.

La intensidad y los largos tiempos de exposición pueden provocar desvanecimiento de pigmentos o cambio de color en tintes. Estos efectos pueden disminuir la legibilidad, afectar la apreciación estética o entorpecer el acceso a la información contenida en ellas. Otro factor que se debe de tomar en cuenta es la temperatura de color. La luz más fría entre 3500 – 5000K aumentará el contraste de los objetos, lo que puede ser deseable para su apreciación, aunque puede alterar la apariencia del objeto. Debido a esto, los profesionales en conservación prefieren la luz cálida alrededor de 2800K cuando los niveles de lux son bajos.

Por otra parte, Stefano Karadjov, director de la Fundación Brescia comenta que la luz puede actuar como agente narrativo en su propio espacio:

       

A las funciones científicas de la luz, yo añadiría su función narrativa. Vista la evolución del sistema de exposición de diseño, considero que nos encontramos en los inicios de un nuevo modo de concebir y entender el disfrute de los espacios de la cultura, donde la contemplación de un hallazgo arqueológico no se diferencia del disfrute de un espectáculo. En la dimensión escenográfica de la instalación, la luz tiene un papel protagonista y contribuye a determinar las modalidades y los tiempos de disfrute.

Los sitios arqueológicos son recursos frágiles y no renovables, la respuesta para su preservación no es su aislamiento total, pues representan parte importante del patrimonio y la memoria del mundo. Es encontrar un punto intermedio entre el atractivo de su exposición para invitar a conocerlo, el mantenimiento para protegerlo y un fomento en la cultura de la preservación para valorarlo.

[box] Imagen de portada: Interior de de la tumba de Ramses VI, faraón del Imperio Nuevo Dinastía XX [/box]

Bibliografía
Advanced Forest Measurement and Modeling Techniques 
Ventilation of the Archeological Tombs of Valley of Kings, Luxor Egypt 
Spectacular antiquities: illuminating archaeology 
Settlement Patterns – Studying the Evolution of Societies 

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