Luz y arquitectura. Lenguaje y conjunción de la percepción.

Por Laura Prisila García Bolaños

Esta colaboración es parte de una colección de ensayos de los alumnos de la Especialidad de Diseño de Iluminación Arquitectónica de la UNAM DIA para la materia Luz y arquitectura impartida por el ing. Víctor Palacio:

Introducción.

El lenguaje es la capacidad de que el pensamiento aparezca y es algo que se construye en un contexto y en una sociedad. La arquitectura es una forma de crear signos y símbolos ocupando la luz como tinta principal, ya que sin ella, la nada es lo que sería posible.

Conjugadas las dos, crean una serie de herramientas para poder contar nuestras historias y poder entendernos.

Explicarnos a nosotros mismos quiénes somos, de dónde venimos y hacia donde vamos.

El lenguaje nos ayuda a compartir estas y otras incógnitas junto con posibles respuestas para crear una memoria propia y colectiva.

Con esto me surgen las siguientes preguntas y reflexiones: Sin la memoria, ¿quiénes somos?

Qué es la memoria sino fotografías y qué es la fotografía sino luz contenida.

        

No sólo la luz es vista para estas fotos, también involucra el tacto, el sonido de cómo cambian las cosas, el día, y hasta una misma cuando cambia la luz.

Entonces, ¿la memoria es luz?

Tiempo de encuadrar. La luz es para todos pero es nuestra decisión de qué manera la observamos.

La luz es un fenómeno que nos acompaña a todos los seres vivos y que es indispensable para que exista vida en nuestro planeta. Cuando la arquitectura se involucra con ella, se debe tener cuidado y muy presente su existencia ya que, como el fotógrafo, se enmarca lo que pretendemos que las personas que habiten el sitio quisieran sentir con ella o cómo es que percibimos los espacios, las emociones y a las personas.

Los espacios son la cámara fotográfica de un arquitecto, pues definirlos, darles forma y medida, es enmarcar y enmarcar es tomar una decisión que involucra sentimientos, intuición, pero también datos reales sobre lo que significa y lo que se pretende con ella. Cada espacio diseñado es la mezcla entre la técnica y la vista de cómo el diseñador entiende la vida y lo que lo rodea y al mismo tiempo, su forma de ejecutar.

La arquitectura es materia y cuando la luz choca con ella, se hace visible. El diseño entre ellas dos, genera que se vuelvan dos herramientas poderosas para contar nuestra historia como personas con elementos como: las texturas, los colores, el juego de volúmenes, los vanos, los sólidos, las alturas, los recorridos, la vegetación, los olores.

Estos elementos nos indican en gran medida cómo percibir el entorno. Los seres humanos somos muy complejos, y reaccionamos con el mínimo estímulo de los elementos antes mencionados. Debemos ser conscientes de cómo esto influye en nuestra salud, nuestro desarrollo y en la forma en la que nos involucramos con otros.

Sabiendo estas premisas, podemos tener una base más sólida para saber lo qué es importante enmarcar y con qué intención.

Tiempo de pasear en el misterio…
…y llegar a la contemplación.

Tiempo de pasear, del misterio y de la contemplación

Me parece que el ocio es una necesidad humana no sólo para descansar sino para pensar, inspeccionarnos, conocer. El paseo es una manera de ocio que me parece una actividad esencial puesto que nos permite conocer nuestra ciudad, nuestro contexto inmediato y encontrarnos en esos lugares.

Sin embargo, es importante no confundir ocio con entretenimiento. En estos tiempos se habla mucho sobre el sector del entretenimiento y he escuchado en algún lugar la frase: “la gente ya no quiere pensar, quiere estar entretenida”.

Sin embargo, creo que ambos casos no deberían ser antónimos ni sinónimos. Cada uno tiene su importancia en el desarrollo de cada persona.

El entretenimiento nos sugiere que la información se nos ofrece de manera digerida: series y programas de televisión que nos ofrecen una historia ya desarrollada y tal vez deja de lado la imaginación del espectador. Sin embargo, en series y en películas una persona puede encontrarse consigo misma también. Aquí también entra en juego la parte de tener un grado de critica con lo que se está viendo y con uno mismo.

Tal vez, la mayoría de las veces, se va a ver una película con la esperanza tener un buen momento ahí para relajarse y no pensar, como dice David Thomson: “una parte de la audiencia asume que desmantelar los engranes, hacer preguntas, podría estropear toda la diversión”.
Me parece que pensar en el cine, o en general los trabajos audiovisuales, son formas triviales de pasar el rato, es no contemplar que en realidad son actividades lo suficientemente complicadas e interesantes para prestarles atención con detenimiento.

Los paseos en nuestra ciudad y entorno son importantes para despejar la mente, conocer desde otra perspectiva y apropiarnos de alguna forma de todo esto.

Sin embargo, los libros y el cine son otras dos formas de acercarnos a todo aquello que se nos va de la mano conocer y hacer un paseo mental. Lugares lejanos, lugares fantásticos, ciudades inexistentes ya. Todo eso, nos acerca a la perspectiva de otra persona para poder apropiarnos de ellas y crear una nueva perspectiva en nuestra mirada.

Estando en CDMX, puedo decir que he contemplado mi ciudad desde distintos formas de paseo: en la literatura, en el cine, en el día y en la noche. Y lo que más me parece fascinante es la forma que tiene cada una de reconocer y describir lo que es esta ciudad.

Los paseos y la contemplación nos permite entender nuestra mirada y la responsabilidad que conlleva eso, pues, de esa manera, nos logra voltear la mirada a nuestro interior, en un sistema tan vasto y casi infinito como es la vida en el tiempo.

David Thompson también señala que:
“observar algunas cosas lleva un segundo; otras, varios años, otras más, toda la vida.”Cuando prestamos atención a los cambios de las constantes, “en ese momento, la mirada se convierte en historia, en argumento. Nuestra mirada adquiere narrativa.”

       

En el encuentro en DVA, fue muy locuaz ese discurso ya que se pudieron vivir esas palabras. El misterio que tiene esta arquitectura llena de materiales naturales y recorridos en medio de vegetación, que se ha apropiado en gran medida del espacio, logra una arquitectura donde no se ha diseñado un volumen o un objeto sino un entorno.

Norberto Chaves habla de esto diciendo: “Crear un entorno culto implica poner en acción una sensibilidad capaz de prever las condiciones óptimas de habitabilidad y traducirlas en un proyecto concreto. Crear un proyecto que madure, profundice su sentido con el uso y envejezca felizmente junto a sus moradores.”

Esta casa es un gran escenario para percibir esa sensibilidad además de la que se conecta directamente con la luz.
La vegetación es tan abundante que consigue que la luz del día modifique el ambiente con un ligero tono verdoso al pasar como si fuera un filtro o, en otros casos, rebota tanto que logra pintarlo.

Wenceslao Barquera describe:
“El hombre sumergido en las tinieblas de la noche que ha descansado de sus trabajos y penalidades, abre los ojos al placer más brillante cuando las horas del día se deslizan al descorrer el velo de la naturaleza; todo parece que recobra una nueva existencia en el gran teatro del mundo, al adornarse la Tierra con los brillantes colores de la luz, cuya belleza deslumbra nuestros ojos…”

La luz provoca claridad pero también misterio. Es un fenómeno físico que nos ha fascinado como humanidad logrando ideas, sentimientos y expresiones de lo más hermosas.

La luz, aunque tal vez se puede definir, me parece que es algo que se tiene que vivir para entenderla sintiendo los cambios de temperatura, el cambio de olores y sonidos que pasan en su presencia y en su ausencia. Es un elemento principalmente visual, sí, pero que se vive con todos los sentidos pues es uno de los elementos que nos señala el paso del tiempo.

El paseo en el jardín de esta maravillosa casa es un buen ejemplo sobre todo lo que hemos dicho. Encontramos misterio en el recorrido, en las puertas y en la vegetación contenida en espejos. El misterio abraza guiando el camino.

Tiempo de agradecer
A la UNAM, a los profesores, a mis compañeros quienes, cada uno, son increíbles y a quienes estimo mucho, al tiempo y sobre todo a la luz que nos une.

Conclusiones.
La luz y la arquitectura es un mundo donde he estado sumergida en gran parte de los últimos años, aunque, por muy extraño que parezca, la luz en un punto no tenía mucha referencia con la arquitectura más que con el hecho de que la usamos para ver lo esencial. La luz apareció en mi vida más como una forma de expresarme mediante la fotografía. Una forma de experimentar conmigo, con mi entorno y con ella.

La especialidad me ha abierto mucho el panorama con la luz, no sólo como “elemento decorativo” en la arquitectura, sino en cómo las personas respondemos a ella en distintas eventualidades. La gran importancia que tiene aprender sobre ella y la manera en cómo podemos abordarla desde distintas partidas.

Esto no sólo gracias a los profesores, sino también a mis compañeros a quienes admiro y estimo. Muchas gracias por todos los buenos momentos y por mostrarme su perspectiva sobre la iluminación.

De todas las fotos, la de esta página es mi favorita porque somos bandoleros y revolucionarios de la iluminación.

Laura Prisila García Bolaños es egresada de la carrera de Arquitectura de la Universidad Nacional Autónoma de México y estudió el posgrado en Diseño de iluminación arquitectónica en la misma casa de estudios. Ha formado parte de proyectos de iluminación arquitectónica, como Lighteam, en el que participó más de dos años. Posteriormente, participó en el despacho arquitectónico GOZ, donde ha realizado proyectos de interiorismo e iluminación para áreas del grupo de la Esperanza. 

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