“Macht! Licht!” – ¡El Poder de la Luz! en el Museo de Artes de Wolfsburg

Una exhibición con alrededor de 80 obras y 65 artistas internacionales como Warren Neidich, Monica Bonvicini y el colectivo artístico cubano Los Carpinteros.

Cuatro horas en tren, un trasbordo y quince minutos de retraso. Con una brisa primaveral y el cielo nublado me recibió el norte de Alemania. Para ser la cuna de Volkswagen, Wolfsburg resultó ser una ciudad bastante pequeña. En menos de diez minutos atravesé el centro y me encontré frente al Museo de Artes, una imponente fachada de vidrio y metal. Colgando sobre la entrada, una llamativa pancarta invitando a los transeúntes a su nueva exposición: «Macht! Licht!» («¡Poder! ¡Luz!»)

En la recepción, como se acostumbra en los museo alemanes, me preguntan de qué ciudad vengo a visitarlos. Me miran asombrados. «¿Frankfurt? ¿Pero, qué te trae por acá?» Mi emoción es tan grande como su sorpresa cuando les contesto: «Vengo como corresponsal de Iluminet, una revista de iluminación con sede en México.» Y con una sonrisa en el rostro y una audioguía curada por Andreas Beitin y Holger Broeker, directores del museo, me introduje en esta experiencia lumínica.

        

Un salón oscuro y amplio en la planta baja del museo, sin entrada alguna de luz natural, lo cual permite que se aprecien mejor las composiciones. Únicamente el resplandor de las obras. Plasmada en la pared principal, una frase de Beitin da apertura a la exposición: “La luz es tan natural para nosotros como el aire que respiramos.”

“La luz es tan natural para nosotros como el aire que respiramos.” 

En efecto, la luz es una parte imprescindible de nuestras vidas. Desde el alumbrado público que nos acompaña en las noches hasta los nuevos sistemas eléctricos de transporte – la luz, sobre todo la artificial, se ha vuelto una condición básica para el funcionamiento de nuestro mundo.

Pero lo que los comentarios impresos sobre los muros nos invitan a cuestionar es la dualidad de la luz artificial, aquella que el hombre ha creado con sus propias manos. Cualquier amante de la luz tiene claros sus beneficios, pero no hay que olvidar que cuando hay luz, hay sombra. Un lado oscuro, por así decirlo, y no me refiero al impacto ecológico. No, más allá del desperdicio de energía o la contaminación lumínica, la forma en la que la luz es utilizada tiene un trasfondo político y social. Donde hay luz, hay poder.

Esta es la idea central de la colección, evidente desde la primera obra expuesta en la sección inicial Utopía y Distopía. Al entrar, llama inmediatamente la atención. Una instalación de arcos de neón – luz morada, roja, naranja, amarilla. En plena oscuridad, estos colores son reflejados en una plataforma de vidrio negro, destrozado en pedazos. Una puesta de Sol con forma de arcoíris, como lo dice parte de su nombre «Sunset 368». Una crítica del artista suizo Lori Hersberger hacia la belleza publicitada por las propagandas, con sus luminarias neón tan características de aquella moda surgida en los años 70. Pero esos pedazos de vidrio negro llegan a ser más llamativos que la luz misma. La puesta de Sol imperfecta pierde belleza al ser interrumpida por los cortes. Pienso en la realidad, asomándose por las grietas de una ilusión.

El recorrido está dividido por temáticas, entre corredores y cuartos aislados. Con cada giro, una nueva sección. Fronteras y Exclusión. Control y Vigilancia. Publicidad y Manipulación. Los materiales varían: instalaciones fluorescentes, tecnología y proyección LED, combinación de halógenas con diversos materiales e incluso contenido multimedia. La audioguía me acompaña paso a paso en este viaje, un constante comentario desde mis propios auriculares. El contexto es importante para entender cada instalación y el ingenio de los artistas.

Diferentes épocas, diferentes artistas, diferentes contextos culturales. El recorrido no sigue una línea de tiempo, pero tampoco la necesita. Basta con apreciar las obras para entenderlas, incluso cuando no hay una explicación detallada para ellas.

No era la primera vez que escuchaba sobre los efectos psicológicos o respuestas físicas del ser humano en relación a los colores. Al contrario, siempre he encontrado este tema sumamente interesante. A mitad de camino, me encontré con unos tubos fluorescentes sostenidos por una estructura de aluminio. Por un lado, luz neutra, por el otro, luz rosada. Me recordaban a una cerca eléctrica, o las rejas de una cárcel. De hecho, las tonalidades de la luz me recordaron al rosado Baker Miller, del cual se rumorea es utilizado en prisión con el fin de ‘debilitar’ o calmar a los reclusos. Y en efecto, esto era exactamente lo que el dúo alemán Heike Mutter y Ulrich Genth buscaban representar en su estudio sensorial de color, «Ohne Titel (Fixateurs Externes)» (2013).

Si la instalación tiene el mismo efecto calmante es algo que me faltó comprobar. Quizás no me quedé suficiente tiempo frente a ella como para sentir un cambio. Quizás otro espectador sí lo haya sentido.

       

De vez en cuando debo descansar los ojos. No todas las obras tienen la misma intensidad. Mejor así, considerando que ellas son la única fuente de iluminación. En el pleno silencio, solo se escuchan los pasos de los demás visitantes. Uno que otro comentario susurrado de asombro, a veces también de confusión. Pero todos como insectos atraídos hacia la luz más brillante, la más bonita.

Y así como los insectos, me vi atraída por una trampa de luz con ocho tubos azules fluorescentes y una tela de lino en el medio: «Lichtfalle Hamburg» de Nana Petzet. Diseñada a partir de estudios científicos sobre el efecto de la luz ultravioleta en la reducción de plagas, esta obra fue más que una representación plástica. Esta instalación lumínica ha sido puesta a prueba temporalmente en dos ocasiones, durante el 2015 y el 2018, en el puerto de Hamburgo. La hora azul, se lee los letreros, acompañado de fotografías que documentan el suceso. Es satisfactorio contemplar este tipo de arte, el cual se podría llamar experimental en más de un sentido.

Finalizando el último pabellón, justo al lado de la de salida, se encuentra un interruptor común y corriente. Arriba. Abajo. No pasa nada. Nada cambia en la exposición, no surge una nueva fuente de luz. Sin embargo, siento que debo dejar el interruptor en encendido. Como si el mundo exterior, a pocos pasos cruzando la puerta, necesitara primero que se encendiera la luz del día.

«Macht! Licht!» se puede visitar en el Kunstmuseum Wolfsburg de martes a domingo (11 a 18hr). La exhibición estará disponible hasta el 10 de Julio de 2022.

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