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El pasado 20 de septiembre, la Ciudad de México nos recibió con los brazos abiertos en una tarde que prometía lluvia pero que, al final, nos regaló un cielo despejado. Desde distintos rincones del país, nos reunimos en la capital con un objetivo en común: ¿Cómo reparar la ciudad a través de la luz?. En esta edición nuestro encuentro fue el Museo de Arte Popular, con los expertos en iluminación, Carlos Hano, Andrus Marín, Mónica Vega, rodeados de alebrijes, esas fantásticas criaturas que parecen salidas de los sueños, combinado con la luz de la tarde que bañaba todo el espacio. Así, dimos comienzo a nuestra Tarde de Luz edición 2024.

Mónica Vega (LumLum), arquitecta y diseñadora de iluminación, fue la primera en compartir su perspectiva sobre el estado de la luz en la ciudad. Destacó cómo la iluminación actual se percibe, a menudo, de manera fragmentada, con áreas saturadas de luz y otras completamente a oscuras. Y entre otras propuestas comentó que la labor como diseñadores «no es dar información sino crear la experiencia y la experiencia es la que va a transformar al usuario».

Andrus Marín (ID-lam) señalo que » que trabajar con luz es como hacer música, tenemos todas estas notas que son las que nos iluminan, pero en la música también importan estos silencios, que en nuestro caso son o atenuaciones o espacios oscuros». Los tres panelistas aportaron sus puntos de vista y conocimientos en proyectos de iluminación de distintas ciudades que han buscado unir espacios y personas, donde la iluminación contribuye a la seguridad de los habitantes para vivir la ciudad de noche. Destacaron la importancia de la participación ciudadana, e invitaron a los asistentes a no solo aceptar las luminarias que se instalan, sino a participar activamente en la discusión sobre cómo deberían ser las luces en sus calles y vivir los espacios.

La conversación se tornó más introspectiva, con la pregunta lanzada por Carlos Hano (Lightchitects) al público «¿Cuál es su lugar de la ciudad favorito de noche?, porque esos lugares son los que queremos replicar y crear y generar para nuestra ciudad», lo que nos remonto a esas memorias que todos atesoramos, donde la luz fue una pieza clave. El diálogo se enriqueció con las experiencias del público, quienes compartieron sus lugares favoritos en la ciudad donde la luz había tenido un impacto significativo en sus vidas. Historias de calles iluminadas con calidez, parques revitalizados y la conversión de espacios oscuros en entornos seguros y vibrantes llenaron la sala, reafirmando la idea de que la iluminación tiene la capacidad de transformar comunidades y construir ciudad. Entre anécdotas, Luis Juan recalco la idea de educar nuestra percepción a través de la luz y concluyó una tarde amena de recuerdos para continuar con nuestra Ruta de Luz.

Al finalizar aquella tarde de conversaciones, regresé a casa con una mente inquieta con nuevas ideas y un corazón envuelto en una sensación de calidez que me devolvió a aquellas noches en que, siendo niña, se iba la luz en casa. En ese mundo misterioso donde la oscuridad nos envolvía y creaba una atmósfera acogedora y mágica, mi familia y yo nos reuníamos en la sala, donde la luz de unas pocas velas parpadeaba suavemente mientras escuchábamos canciones en ese pequeño radio de pilas y nos divertíamos proyectando en la pared figuras con las manos. Así, la luz como elemento cultural y simbólico cargado de significado, es un componente fundamental que teje la trama de nuestras vidas y recuerdos en la Ciudad.

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