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Siffre y los límites de la cronobiología en las profundidades del subsuelo

Opinión

Arq. César Pérez

Siffre y los límites de la cronobiología en las profundidades del subsuelo

¿Cuáles son las consecuencias tras someterse a un total aislamiento de la luz, del exterior o de cualquier reloj?

Por: César Pérez

La experimentación y la investigación requieren sacrificios fuera de lo común. Nada como vivir en carne propia los fenómenos del mundo para poder plasmar la evidencia sin errores. En 1962 un apasionado investigador francés llamado Michel Siffre propuso analizar el submundo de donde habitamos de una forma curiosa. Todo con la intención de entender a mayor profundidad los procesos internos del ser humano, su adaptación y su percepción.

Gustoso de las cavernas, grutas y cuevas se interesó por las consecuencias de someterse a un total aislamiento de la luz, del exterior y de cualquier agenda o reloj.

Siffre fue un espeleólogo francés que pasó 2 meses en el abismo de Scarrasson. Contaba con una dotación suficiente de alimento, pero no de instrumentos para medir minutos, horas o días. En esta situación su cuerpo sería el encargado de dictar los tiempos y las necesidades, las horas de comida o de sueño serían determinadas por él mismo. Lo anterior sentaría las bases de un interesante y novedoso campo de estudio; la Cronobiología.

El espeleólogo francés Michel Siffre.

La helada cueva ubicada en el subsuelo de los Alpes seria su morada durante mucho tiempo. Lo que en un inicio sería una corta expedición biológica terminó generando una idea tan extrema como revolucionaria; vivir en el completo aislamiento por más de 60 días. Un propósito de esa magnitud ya contaba con antecedentes, desde 1938 existían pruebas de aislamiento humano que Siffre llevó a otros niveles. En el exterior del sitio un equipo monitoreaba su actividad, su reloj interno empezaba a tomar el control, el cuerpo dictaría los horarios de comida, de descanso y de sueño, ajenos a la sociedad, al trabajo o a cualquier otra agenda establecida.  

Michel Siffre y los experimentos subterráneos.

Después de dicha hazaña continuaron ejercicios similares, durante 1962 y 1972 un bunker subterráneo artificial sería su hogar, continuó su análisis con pruebas a corto plazo. Con temperaturas más bajas que el punto de congelación y una humedad del 98% su cuerpo bajó a más de 34°, para distraer el ocio leía, escribía y continuaba la investigación en ese inhóspito lugar. Realizó pruebas de ritmo cardiaco y revisiones psicológicas que revelaron curiosas deformaciones del tiempo. Al contar del 1 al 120 y considerando un digito por segundo alteró los intervalos, un evento que debería llevar 2 minutos le tomó 5. Al terminar el experimento de aislamiento de 2 meses pensó que solo había transcurrido 1 mes. Su sistema interno había tomado el control, cambió por completo su percepción temporal, ahora su reloj biológico replanteaba las medidas y los lapsos.

En 1972 Siffre elevó la ecuación, se aventuró en un reto humano en el que colaboró con la NASA. Permaneció más de 200 días en una cueva trabajando en colaboración con el Centro Espacial Lyndon Johnson de Houston. En esta ocasión el lugar contaba con condiciones de mayor comodidad y equipos mucho más sofisticados de medición, así como electrodos al pendiente de sus ritmos, actividades y cambios internos. Ajeno al tiempo su cerebro inició de nuevo los ajustes que le parecieron más convenientes, cambios que se monitoreaban al instante. Las implicaciones psicológicas empezaron a hacerse presentes, la idea de suicidio, la depresión y la frustración atacaban sin piedad al investigador que iniciaba una espiral descendente de accidentes, errores y cansancio. Los ciclos de sueño-vigilia iniciaron en lapsos normales de 24 horas para después variar a 18 y 52 horas, interesante aporte que mostraba ciclos mucho más largos con aplicaciones en la ciencia aeroespacial y submarina. 

Investigación de las reacciones del cuerpo humano en ambientes aislados.

En 1999 el investigador de 60 años volvió a experimentar en las profundidades del subsuelo, en esta ocasión fue en la cueva Clamouse. La intención fue conocer las implicaciones del aislamiento a una edad mayor e incorporando una mayor precisión en equipos de medición y tecnología.

Los cambios en el tiempo, la memoria y el comportamiento se ajustan al exterior.  El cuerpo continúa viviendo y adaptándose a las condiciones que se le presenten. La luz como fuente de vida sigue siendo necesaria en la cima de una montaña, en el interior de una casa o en las profundidades de una caverna fría. Resulta curioso como el organismo se ajusta a una vida mucho más lenta, sin presiones ni horarios, viviendo para sí mismo y para su propio bienestar. La mente hace lo propio para sobrevivir, siempre y cuando la luz le recuerde que sigue vivo.

Fuentes:

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