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Kevin Houser, profesor de la Univeridad de Oregón y ex editor de la revista LEUKOS de la IES, comparte su opinión sobré como la iluminación pública no se puede considerar políticamente neutral:

La educación en iluminación pone un énfasis predominante en los parámetros técnicos y en la resolución analítica de problemas, mientras presta atención limitada a las consecuencias sociales. Esto refleja la “cultura de la desvinculación”, una mentalidad en la que los estudiantes son formados para resolver problemas técnicos, pero permanecen desvinculados de preguntas críticas sobre los contextos sociales, las dinámicas de poder y las inequidades que su trabajo puede enfrentar o perpetuar.

Esta desvinculación surge de la “ideología de la despolitización”, descripción de cómo la ingeniería se enmarca falsamente como apolítica (un concepto que aplica igualmente bien a la educación y práctica de la iluminación). Las consecuencias son visibles en todo nuestro entorno construido, donde la iluminación pública a menudo refuerza desigualdades sociales existentes en torno a raza, género, estatus socioeconómico y capacidad. Este fenómeno no es exclusivo de la iluminación, sino que refleja patrones más amplios documentados en las disciplinas de la ingeniería, donde las decisiones técnicas a menudo tienen impactos desproporcionados sobre comunidades marginadas.

Aunque el término “politizar” puede tener connotaciones negativas al sugerir ideología partidista, aquí se emplea en su sentido académico, reconociendo que el diseño de iluminación inevitablemente da forma al espacio público, influye en el comportamiento humano y distribuye la iluminación de manera desigual entre comunidades, convirtiendo tales decisiones en actos políticos más que en simples consideraciones técnicas. El concepto de justicia lumínica reconoce que las comunidades marginadas reciben de manera sistemática entornos de iluminación de menor calidad, tanto en espacios públicos exteriores como en ambientes interiores. Como educadores y profesionales de la iluminación, participamos en acciones fundamentalmente políticas, lo reconozcamos o no.

Cuando los educadores en iluminación no abordan las dimensiones sociales en su enseñanza, pierden la oportunidad de dotar a los profesionales del lenguaje, los marcos y la confianza necesarios para defender la equidad en la práctica de la iluminación. Politizar la educación en iluminación abre caminos hacia una práctica que rechaza la falsa neutralidad.

Esto implica tres transformaciones:

  • Ampliar la formación técnica con marcos sociales, culturales e históricos, e incorporar la voz de las comunidades como “expertos ciudadanos”.
  • Analizar las inequidades estructurales y cómo la iluminación puede reforzar o cuestionar sistemas de poder.
  • Dar herramientas éticas a los estudiantes para reconocer patrones de desigualdad y proponer soluciones que beneficien a todos, no solo a los clientes más privilegiados.

Implementar estos cambios no es fácil e implica enfrentar desafíos prácticos que incluyen planes de estudio saturados, experiencia docente y métodos de evaluación. La colaboración interdisciplinaria con científicos sociales y especialistas en participación comunitaria puede ofrecer vías de integración mientras se equilibran las limitaciones curriculares existentes. Además, incluir contenidos sobre diferencia, poder y opresión ocurre dentro de contextos sociopolíticos más amplios que pueden presentar retos adicionales. En los últimos años, por ejemplo, en Estados Unidos numerosos estados han aprobado o propuesto leyes que restringen la educación sobre racismo estructural, sexismo u otros sistemas de opresión.

Los críticos podrían argumentar que politizar la educación y la práctica de la iluminación introduce valores subjetivos en lo que debería ser una disciplina objetiva y técnica. Este argumento malinterpreta tanto la iluminación como la política. Las decisiones de iluminación nunca han sido puramente técnicas, siempre han incorporado valores acerca de qué y quién merece diversas cantidades y calidades de luz. Al hacer explícitas estas consideraciones de valor en nuestros programas educativos, podemos someterlas a crítica y revisión, en lugar de permitir que supuestos implícitos guíen nuestras acciones.

En lugar de presentar los contenidos sociales principalmente como políticos o ideológicos, su implementación debe enfatizar las conexiones con los estándares de diseño de iluminación, el análisis basado en evidencia y la competencia técnica necesaria para una práctica ética en contextos diversos. Al enmarcar los contenidos y ejercicios de aprendizaje de esta manera, subrayamos que comprender los sistemas de diferencia, poder y opresión es una cuestión de competencia profesional más que de política partidista.

Reconocer la dimensión política de la iluminación en entornos educativos no abandona el rigor técnico, lo amplía al incluir más factores que los estudiantes deben aprender a considerar. Un enfoque verdaderamente riguroso de la educación en iluminación ayuda a preparar a los estudiantes para tener en cuenta los impactos en las comunidades, no solo el cumplimiento de normas o de las llamadas “mejores prácticas”.

En esencia, politizar la educación y la práctica de la iluminación significa ver con claridad lo que siempre ha sido cierto: que nuestro trabajo da forma al espacio público, influye en el comportamiento humano, impacta la salud y refleja valores sociales. Dado que los sistemas de iluminación modelan aspectos de la vida humana, la pregunta no es si los profesionales de la iluminación influirán en los sistemas sociales de diferencia, poder y opresión, inevitablemente lo harán. La pregunta es si lo harán con conciencia crítica e intención hacia una mayor justicia y equidad. Al reconocer estas dimensiones en los planes de estudio de iluminación, tenemos la oportunidad de preparar a los profesionales para crear entornos lumínicos más equitativos que realmente sirvan a todas las comunidades.

FUENTE

Houser KW. Opinion: The politics of lighting—the case for social justice in lighting education and practice. Lighting Research & Technology. 2025;0(0). doi:10.1177/14771535251341755

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