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Como cierre a nuestras actividades de la Tarde de Luz en Mextrópoli 2024, el pasado viernes 20 de septiembre tuvimos nuestra clásica Ruta de Luz coordinada por la arquitecta y diseñadora de iluminación, Oriana Romero y el investigador, docente y diseñador de iluminación, Alejandro Díaz Infante. En esta ocasión los rumbos cambiaron ligeramente hacia el sur para observar y contrastar dos parques a través de su luz. Ahora el punto de salida fue el Centro Cultural Laguna, ubicado en la colonia Doctores.

En el ideario popular, este barrio cuenta con una reputación muy particular. Se dice de ella céntrica, pero marginal, lugar de pulcatas, fábricas, talleres de tranvías y, como diría Chava Flores: Un trío canta en Indianilla donde acaban ricos y pobres del Distrito Federal*. En otras palabras, esta colonia representa la clásica postal surrealista de este México noctámbulo.

El Centro Cultural Laguna tiene sus raíces en una fábrica de hilos y textiles de principios de siglo XX que funcionó hasta el 2015 y ahora, con su cambio de faceta, se mantiene como una «fábrica de oficios que reúne a emprendedores del diseño, arquitectura, urbanismo, gastronomía y arte».

Dentro de Laguna y como parte de las actividades de Mextrópoli, se encontraba la instalación lumínica de los estudiantes de la 11° edición del posgrado de Lighting Design de Arquine. Había casa llena, en cada rincón se hablaba del proyecto, del arte, la luz… y que sí no habían hecho su registro en línea, ¿aun así podían asistir a la Ruta de Luz? Esto nos llevó a «meterle galleta» a la logística, ya que había más gente ansiosa de acompañarnos de lo que hubiéramos imaginado (a esto le solemos llamar happy problem) y como resultado, de las 7 pm que estaba programada la salida, logramos comenzar la ruta hasta las 8:30 pm.

Nos abrimos paso por la calle Dr. Erazo hasta salir a la avenida Cuauhtémoc. Mientras avanzábamos, Oriana comenzó con una introducción sobre la función social de la luz, ¿para qué la necesitamos? ¿Cuál es la más adecuada? ¿Qué tipo de actividad se llevará a cabo?

La verdad es que no hay buena, mala o verdadera iluminación. Todo depende del entender al usuario, es comprender a las personas que vivirán y usarán ese espacio. Oriana Romero

Hicimos una parada en la esquina de la calle Dr. Navarro, donde había una lavandería sumergida en luz blanca. Alejandro Díaz Infante sacó un espectrofotómetro y al calcular la temperatura resultó en unos 7143K. «¡Una iluminación de morgue!» (pensé). Y mientras esperábamos cruzar, comentó de lo mucho que se está perdiendo en estas condiciones.

Llegamos al parque Dr. Ignacio Chávez y de nuevo Alejandro tomó la palabra para contextualizar el espacio. Comentó que ese parque había surgido a consecuencia del sismo de 1985, ya que antes era la oficina de la Secretaría de Comercio y Fomento Industrial. Al medir nuevamente la temperatura de color, resultó en unos cálidos 2675K. ¿Cómo se sienten? Omitiendo al pequeño bribón (por no decir otra cosa) que nos arrojó un petardo durante el recorrido, fue evidente que este parque tenía un ambiente acogedor y apacible. No había tanta iluminación y la que estaba presente, en general era cálida. Tanto Oriana como Alejandro recalcaron la importancia de la percepción de seguridad, así como una breve dinámica donde, a cierta distancia, el rostro de Alejandro quedaba oculto por una sombra.

Al cruzar la avenida Cuauhtémoc, entramos al Jardín Pushkin, donde Oriana comentó brevemente el tras bambalinas de los proyectos de infraestructura del gobierno, y cómo los encargados de adquirir e instalar la iluminación no necesariamente saben del tema. También que este parque ha sido fuertemente criticado, ya que debido a una remodelación en 2016, gran parte de las áreas verdes se cambiaron por concreto. De nueva cuenta se resaltó la importancia de conocer las actividades y el interés de la comunidad cercana al proyecto para responder realmente a sus necesidades.

Seguimos a través del parque hasta llegar a un espacio más oscuro donde los vecinos dejaban correr a sus perritos y la gente conversaba cómodamente en las bancas. Dentro del grupo, la mayoría comentó que se sentían más relajados.

No es necesaria tanta iluminación para que un espacio público cumpla con su función. ¿Pero cómo convencer a la gente de que 8 luxes son suficientes?, preguntó Alejandro.

«La ciudad es un palimpsesto»

Esta frase la mencionó Oriana al comenzar la ruta y es algo que resonó entre líneas durante todo el recorrido. La fábrica de hilos transformada en centro cultural, el fantasma de un edificio de gobierno sobre un parque, un poste hecho para un vapor de sodio ahora con una luminaria LED.
La ciudad de México se sobrescribe y superpone a sí misma más no se borra. Esta amalgama de personalidades es quizás uno de los elementos que la convierte en lo que es. Porque hay muchas ciudades de México dentro de la ciudad, y si algo aprendimos en esta edición de Mextrópoli es que hay que verlas de manera individual para que los proyectos, tanto de iluminación, de infraestructura, sociales y demás, puedan responder a lo que ella necesita.

Palimpsesto: Manuscrito antiguo que conserva huellas de una escritura anterior borrada artificialmente.

* Y hablando de palimpsestos y por si quedaba algo de curiosidad: "La Indianilla" era el antiguo nombre de la colonia Doctores (en el siglo XVII, ese terreno le pertenecía a tres mujeres indígenas). Posteriormente fue un taller de tranvías donde, a su vez, existió un local que vendía el clásico caldo de gallina que al día de hoy se conoce como "caldo de indianilla".

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