¿Por qué iluminar la ciudad y para quién? I

Vale la pena reflexionar sobre ello y sobre cómo participar para lograr los objetivos.

El siguiente artículo es la primera entrega de dos textos realizados por la diseñadora de iluminación Oriana Romero Nava. Para complementar la información se realizará un webinar a través del Facebook de iluminet el jueves 30 de julio a las 17:00 hora México.

Por: Oriana Romero Nava

       

La iluminación urbana tiene la capacidad de incidir en nuestra calidad de vida a una gran escala, por un lado, debido al número de personas que se ven impactadas a causa de la densidad poblacional que se presenta en las ciudades; por el otro, por el significado que tiene el espacio público en nuestras vidas, y hago énfasis porque es aquí -en las calles, banquetas, plazas, parques-, donde confluyen una multitud de usos y expresiones propios de la vida social, y por ende, donde transita una buena parte de nuestra vida, sobre todo en estas dinámicas “modernas” que cada vez nos impulsan más a vivir de noche (que es muy distinto a tener la capacidad de ‘vivir la noche’).

En consecuencia, las condiciones que este espacio público nos ofrece se vuelven determinantes en nuestra calidad de vida, y entre estas condicionantes, la iluminación urbana se vuelve crucial.

Sin embargo, antes de profundizar en el tema de iluminación urbana, considero fundamental hacernos una pregunta que podría parecer muy básica, incluso retórica, pero no lo es…

¿Para qué se ilumina este espacio? ¿Cuáles son esas actividades y dinámicas sociales que se detonan en ese espacio a las cuales hay que dar soporte?

La respuesta inmediata podría ser que el espacio se ilumina para tener visibilidad y así reconocer nuestro entorno, pero si partimos de la premisa, o por lo menos así lo considero, que la iluminación artificial en el contexto social debe fungir como sustento a las actividades humanas sin alterar en demasía el contexto ambiental, es ahí donde se vuelve imperante el preguntarnos por la función social del espacio que vamos a iluminar, y habría que hacernos estas preguntas buscando un análisis profundo, sin presuposiciones basadas en nuestras expectativas personales o profesionales; hay que partir desde el contexto específico del proyecto que tenemos enfrente, finalmente no hay espacios “tipo”, los grupos humanos no son genéricos, por lo que esas dinámicas a las que debemos de dar soporte tampoco lo serán.

Entonces, para hablar de iluminación urbana deberíamos de pensar qué es y para qué sirve una ciudad y referirlo a la ciudad, barrio, colonia en la que vamos a trabajar.

Definitivamente no hay una sola respuesta a estas preguntas, y tampoco pretendo acercarme a englobar todas ellas.

No obstante, desde mi punto de vista y de forma muy amplia, considero que la ciudad debe fungir como una plataforma que potencialice el desarrollo humano. Desafortunadamente en no pocas ocasiones nuestras ciudades mexicanas o ciertas zonas en ellas, son lo contrario e, incluso, pareciera que estos entornos urbanos a los que nos enfrentamos hoy en día son más bien un reto que hay que librar; sobre todo cuando pensamos que las vivencias que se tienen de la ciudad son muy diferenciadas dependiendo del grupo etario (relativo a la edad), el género, la condición socioeconómica y las dinámicas asociadas a este.

Los espacios que habitamos tienen una referencia fundamental en cómo vivimos, y la complejidad y el caos de los entornos urbanos que hoy en día enfrentamos se traslada a nuestras vidas y a nuestra capacidad de desarrollo; y el espacio público es el lienzo donde se plasma toda esta complejidad, es por excelencia un punto de encuentro y de conflicto, donde se entretejen el espacio construido, el espacio natural y el espacio social; en esta convergencia se albergan tantas vivencias y expectativas como los individuos y las colectividades que las habitan. En cada uno de estos encuentros e interacciones con el entorno y con el otro, la luz siempre estará presente y contribuirá a configurar la experiencia y el recuerdo del momento vivido.

Es así, que la ciudad, para impulsar el desarrollo social debe propiciar ambientes de bienestar: configurar espacios donde se fomente la diversidad de usos y de presencias, donde todas y todos se sientan incluidos; ambientes recíprocos de respeto, de la ciudad al individuo y viceversa. Y la iluminación, como componente esencial de este entorno urbano, debería seguir estos mismos patrones.

        

Iluminación urbana

Cuando nos preguntamos de manera puntal, qué es la iluminación urbana sobre todo en el contexto de la Ciudad de México, nos enfrentamos al reto de analizar las distintas capas que la componen, capas y factores que responden a los distintos usos e intereses.

Sin ser concluyente, podríamos partir considerando como algunos de estos elementos:

  • Alumbrado público. Nuestro principal referente a la iluminación urbana, normalmente conceptualizado como la iluminación de calles o iluminación vial; sintomático del modelo con el que se ha construido la ciudad. Sin embargo, iluminar para las personas, para fomentar la caminabilidad en banquetas, parques, plazas, debería de ser el eje rector una iluminación que promueva el disfrute de la ciudad.
  • Iluminación de fachadas. Tanto de viviendas y pequeñas construcciones como de grandes edificios. Tendemos a desestimar la gran contribución a la vivencia del espacio urbano que tiene el foco o reflector que cada uno de nuestros vecinos ha decidido colocar en la puerta de su casa, acciones que en buena medida se han tomado por la carencia de una adecuada iluminación peatonal.
  •  Iluminación proveniente del interior de edificios y construcciones; pensemos en los grandes edificios acristalados de oficinas o los estacionamientos públicos que vandalizan el espacio nocturno y que destruyen las visuales a larga distancia, a diferencia del foco afuera de la casa vecina que impacta en la inmediatez de la visual.
  • Iluminación de anuncios y de “changarritos”. Una característica muy peculiar de nuestro entorno cultural y socio-económico. El universo que hay de fuentes lumínicas que incitan al consumo es vasto y en ocasiones convulsan la imagen urbana, de día y de noche; desde el ya tradicional foco en el puesto de tacos a la orilla de la banqueta hasta los grandes espectaculares.
  • Iluminación de los coches. Pudiera pasar desapercibida, pero en ciudades con una población tan abundante de vehículos y sobre todo con la presencia de carriles elevados, los coches, camiones y peseros (vehículos de transporte público), por mencionar algunos, adquieren un papel relevante en la vivencia del espacio público.

Y como no podemos hablar de iluminación considerando las fuentes de iluminación como un elemento aislado sin los elementos en los que la luz interactúa, tenemos que analizar cómo la morfología, la topografía y la materialidad del entorno urbano son un factor determinante en la pequeña y en la gran escala de la vivencia del espacio nocturno – qué tan anchas o angostas son las calles y banquetas por donde transitamos en relación a la altura de las edificaciones, la existencia de remates visuales o remetimientos en las fachadas, la masividad o permeabilidad de estos paramentos sobre todo a escala humana, el uso de materiales como vidrio espejo o las rejas en colores obscuros que “protegen” a los coches estacionados al interior de las casas. Incluso la densidad arbórea (y las luminarias mal colocadas), o la densidad de la presencia humana, son factores que en conjunto y en la muy peculiar forma de interactuar con la luz, afectan cómo configuramos nuestro entendimiento del entorno.

Intentar articular todas estas capas es una labor titánica, sobre todo cuando agregas a esta complejidad el factor humano, ¿quiénes son los actores que intervienen en la forma en que se ilumina la ciudad?

Indudablemente quien de manera formal está a cargo: los diferentes órdenes e instancias de gobierno que por omisión o acción determinan o inciden en qué y cómo se hace. También los fabricantes de luminarias juegan un rol preponderante, por un lado -en ausencia de profesionales en diseño de iluminación involucrados- establecen alianzas con los gobiernos para implementar sus productos sobre todo en el rubro “alumbrado público”; por otro lado, la oferta de lámparas que se presenta a la mayor parte de la población -ese foco comprado en el supermercado que va a colgar a la entrada de la casa vecina o en el puesto de tacos- es producto de las decisiones de comercialización de esos fabricantes, y si la población no cuenta con la información necesaria para escoger entre tantos focos que el supermercado oferta más allá de “más luz por menos costo”, empieza a ser evidente cómo es que llegamos a la condición lumínica a la que nos enfrentamos, donde hay una injerencia multifactorial y transversal de actores. Sin embargo, hay una responsabilidad muy diferenciada entre esta miríada (cifra difícil de cálculo) de actores, ya que el estado y las autoridades competentes tienen la obligación de proveer las condiciones que estructuren que la ciudad sea una catalizador de desarrollo humano.

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