¿Por qué iluminar la ciudad y para quién? II

Vale la pena reflexionar sobre ello y sobre cómo participar para lograr los objetivos.

El siguiente artículo es la segunda entrega de dos textos realizados por la diseñadora de iluminación Oriana Romero Nava. Si desea leer la primera parte, consulte el siguiente enlace. Para complementar la información se realizará un webinar a través del Facebook y Zoom de iluminet el jueves 30 de julio a las 17:00 hora México.  Para registrarse haga click aquí. 

Por: Oriana Romero Nava

       

¿Regulaciones o lineamientos?

Hace poco tuve la oportunidad de escuchar el seminario Saving the night donde Mark Major y Don Slater entre otros, argumentaban que ya no es necesario contar con más regulaciones, que es momento de apostar por las buenas prácticas en diseño de iluminación. Este planteamiento se da en el contexto de una ciudad como Londres, si trasladamos esta consideración a México, creo que es muy válido preguntarnos, ¿ya tenemos las regulaciones suficientes?, ¿qué deberíamos estar regulando?

No tengo duda en que una de las formas de transitar hacia una iluminación que genere bienestar social es invirtiendo en las capacidades locales, en buenas prácticas.

Necesitamos partir de diseños de iluminación que trabajen de manera integral y planificada con el entorno y con la sociedad a la que pretenden beneficiar, pero lograrlo implica echar a andar una maquinaria que está medio oxidada. Hay que robustecer la academia de iluminación, debemos incrementar las capacidades de quienes toman decisiones sobre cómo se ilumina la ciudad, sobre todo en el orden local y con una visión distinta a la que hemos desarrollado hasta ahora. Sin embargo, no solo se trata de invertir en órdenes de gobierno, hay que trabajar con fabricantes en los productos que se comercializan -la eficiencia energética es un gran motor de cambio, pero no puede serlo en detrimento de la calidad de los espacios en los que vivimos-. Debemos generar mayor conciencia en la ciudadanía del porqué la iluminación que escoges para tu vivienda (interior o exterior) influye en tu calidad de vida y en la forma en la que en conjunto se vive la ciudad… y para ver resultados en la gran escala, tal vez debamos esperar algunas generaciones, pero si no comenzamos, nunca los veremos.

No sé si en México existe regulación suficiente. Tal vez deberíamos preguntarnos si es la adecuada y eso se debe responder de manera integral porque hoy en día la iluminación urbana se vive completamente fragmentada, poco hablamos de la imagen urbana nocturna y de la vivencia de la noche como un factor de diseño a nivel urbano.

Tal vez las regulaciones no son el único camino. La creación de normas puede ser un arma de dos filos, ya que en general tienden a buscar la precisión cuantitativa que nos lleva al cumplimiento de ciertos puntos que suelen ser genéricos y descontextualizados. En contraste, los lineamientos pueden dar un margen de acción, indicar factores a considerar, ser una guía sobre lo que no se debe de hacer partiendo de la premisa que no hay soluciones generales que se puedan importar.

Nuestros principios de iluminación urbana deben tener una visión cualitativa de cómo se vive el espacio, no meramente cuantitativa. Hoy en día, las normas están enfocadas a cantidad de luz, cuánta iluminación necesito para que el espacio funcione, poco hablamos de las cualidades de esa luz y de las funciones sustantivas de los espacios.

Por otra parte, debemos aceptar que no vamos a cambiar todo lo existente. Podríamos dividir el camino en dos grandes cuestionamientos: ¿Cómo hacemos para que estas transformaciones urbanas que se dan actualmente, y las que vienen, transiten hacia modelos más amables, incluyentes y respetuosos en iluminación urbana? Y, por otra parte, ¿qué hacemos con lo existente?

En las primeras hay posibilidad de planificar, una gran faltante en nuestros modelos de desarrollo urbano, y en las segundas qué cambios vamos a generar respetando los usos y dinámicas ya establecidas.

Es momento de hablar de la imagen urbana nocturna y de la iluminación urbana como conceptos que engloban, que suman visiones y saberes. Me refiero a incluir todos los actores y factores mencionados anteriormente. Es complicado en nuestro contexto actual pretender que en cada intervención urbana de iluminación haya un profesional del diseño, y aunque los hubiera, mejorar el contexto lumínico en la esfera urbana va mucho mas allá de lo que el diseñador de iluminación de forma aislada pueda lograr. Por eso hay que trabajar de manera amplia e integrativa en generar capacidades que nos permitan transitar a nuevos modelos de entender, diseñar y gestionar los ambientes lumínicos que nos rodean.

Tampoco podemos arrancar de cero como si todo lo que se hubiera hecho anteriormente no funcionara. Escudriñar las razones por las cuales se hace la iluminación urbana como se hace actualmente nos permitirá encontrar las oportunidades para generar cambios de fondo.

Ciudades para las personas

        

No podemos olvidar que estamos iluminando para seres sociales, que el espacio que nos envuelve nos determina ampliamente, y lo hace por presencia directa y por el significado que con el tiempo le asignamos en nuestras vidas. Tal vez lo más importante a considerar es que no hay quien conozca mejor su espacio que la gente que lo habita, por eso las ciudades se deben construir y reconstruir para la gente, haciéndola participe en la conformación de sus espacios, preguntándole cómo debería de ser esta ciudad y sus ambientes lumínicos para que se vuelvan elementos de disfrute, de soporte, de bienestar.

Uno de los grandes cambios vendrá cuando generemos conciencia del impacto tan profundo que tiene la luz en nuestras vidas, tanto la ausencia como el exceso de ella, cuando pensemos que cada vez que iluminamos algo se gana y algo se pierde.

Desafortunadamente hoy en día el valor de la iluminación está altamente relacionado con hacer más visible nuestro entorno para reducir la inseguridad, para alejar lo indeseado. Finalmente poner luminarias es una de las “soluciones” más accesibles y de pronta implementación en contraste con resolver los problemas estructurales.

Sin embargo, un espacio público iluminado, sin acompañamiento integral por mejorar la calidad de vida de quien lo habita, lo único que hace es trasladar el problema hacia otro lugar. Los robos seguirán existiendo, simplemente sucederán unas cuadras mas allá, la gente “indeseada” buscará otro lugar donde estar y si el espacio público se ilumina inundándolo de luz, la gente creerá que ese espacio renovado es el que merece, que esa condición lumínica es a la que tiene derecho, que la iluminación es una buena herramienta para excluir gente, y así seguiremos perpetuando ese modelo deshumanizado de iluminar.

Y al hablar de este tema vuelvo a mencionar la iluminación inclusiva porque dentro de todos los usos que se dan en el espacio público también está el de aquellos que socialmente son “despreciados”, quien no tiene vivienda y requieren dormir en parques y banquetas, o las personas que ejercen la prostitución como modo de sustento… Y me pregunto, ¿la iluminación no debería de responder también a esta población, o quiénes somos para decidir quién sí y quién no usa el espacio?

La iluminación también debería estar generando espacios donde todas y todos tengan cabida.

1 comentario en «¿Por qué iluminar la ciudad y para quién? II»

  1. Muy de acuerdo!
    excelente columna
    «La creación de normas puede ser un arma de dos filos, ya que en general tienden a buscar la precisión cuantitativa que nos lleva al cumplimiento de ciertos puntos que suelen ser genéricos y descontextualizados.»

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