Posgrado en pandemia: Una escapada a Valle de Bravo

Décimo quinta entrega de la nueva crónica no oficial del Posgrado de Lighting Design de la UPC y Arquine.

Al publicar esta crónica restarán solo dos entregas del acompañamiento quincenal que hemos dado al posgrado de lighting design de Arquine. Han sido 15 fines de semana de sesiones de manera virtual, y de un breve encuentro durante un par de horas. Pero el pasado 7 de agosto pudimos compartir un poco más de tiempo entre compañeros.

Antes de comenzar la escapada, el viernes 6 de agosto asistimos como de costumbre a la sesión virtual únicamente con la intención de resolver dudas con Jose Cardona acerca de los proyectos finales, pero no veríamos algún tema en específico o tendríamos conferencia, ya que el sábado completo estaría dedicado a visitar proyectos -virtual para algunos, presencial para otros-.

La mañana del sábado nos encontramos con Laura Serrano, representante de Delta Light en México y a quien debemos la oportunidad de participar en este viaje. “Vimos” algunas caras nuevas, irónicamente cubiertas. En Zoom es lo único que observamos y frente a frente es lo que tapamos. Creo que me entienden.

Viajamos poco más de dos horas, pero solo bastaron unos minutos para romper el hielo -que tal vez nunca hubo- y comenzamos a platicar acerca de nuestros proyectos, trabajo y hasta de los desvelos. Era la primera vez que podíamos sentarnos a conversar fuera de clase y conocer a esas personas que están detrás de la pantalla.

        

El primer destino fue el complejo Rancho Avándaro, donde visitamos dos casas residenciales diseñadas por la arquitecta Renata Chain, del despacho Chain + Siman. Al llegar conocimos un proyecto que más allá de su valor arquitectónico, tenía un valor emocional, pues fue diseñada para la mamá de la arquitecta.

El proyecto llamado Casa de la abuela fue una grata sorpresa. Desde que dimos el primer paso al interior del espacio el ambiente cambió. Afuera sentíamos el aire fresco con un poco de frío, y dentro la materialidad, escala y cada detalle diseñado por la arquitecta nos ofrecía un ambiente cálido y acogedor.

Un proyecto pequeño, relativamente, con una atención especial por los detalles. Cada punto y lineas de luz están en el lugar correcto, en ocasiones para dirigir nuestra atención hacia una escultura o un cuadro y en otras para resaltar la escala del espacio.

Debido a la intimidad del proyecto no pudimos tomar fotografías al interior, pero todos teníamos ganas de quedarnos dentro contemplando cada rincón de aquella casa. Pero sobre todo con muchas ideas e inspiración.

Para llegar al segundo punto solo caminamos unos pasos, ya que visitamos la Casa Rancho Avándaro, lugar donde notamos una clara relación entre la arquitectura y donde lo más importante era EL USUARIO.

Y no me refiero solo al concepto tan mencionado en arquitectura de pensar en cierto tipo de usuario, sino en una persona en específico que tiene ciertas necesidades que cumplir. Los dos proyectos cerraron la puerta a las generalidades.

Es algo constante que siempre debemos tener en mente al momento de diseñar un espacio y cada vez que planteamos una iluminación. Todos nuestros proyectos nacen para resolver las necesidades de una o varias personas en específico.

       

Al concluir la visita a las casas cambiamos de sede y nos transportamos al Hotel Avándaro para visitar un espacio más diseñado por Renata Chain. Pero antes, hicimos una parada en el restaurante del mismo hotel para comer.

Fue un momento emocionante en el que salimos de nuestra rutina y compartimos espacio con nuestros compañeros. Hubo muchas risas, anécdotas, pero sobre todo, mucha comida.

Por último, conocimos los salones de eventos del hotel guiados por Laura Serrano, ya que ella participó en su desarrollo, así como en el proyecto Casa de la abuela. Además compartió con nosotros una presentación acerca de Delta Light y cómo podemos colaborar con ellos en proyectos futuros.

Creo que todos los participantes volvimos con un gran sabor de boca, muy felices de poder ser parte de este recorrido y de compartir aunque sea un poco, de conocernos más allá de una sala de Zoom.

El tiempo para entregar se termina, solo queda una revisión más y una última visita, esta vez a Guadalajara.

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