¿Qué es la contaminación lumínica y dónde quedaron los cielos estrellados?

La actividad humana ciertamente genera contaminación en la atmósfera, en las aguas y los suelos, pero la contaminación lumínica también es un tema

Desde mediados del siglo XX astrónomos de todo el mundo han tratado de localizar los mejores lugares en donde construir observatorios y explorar el universo a través de telescopios ópticos; y de manera similar aquellos que no son expertos en materia celeste, en charlas con amigos y colegas, casi de manera automática piensan en lugares lejanos a los centro urbanos, muy distantes y aislados, cuando de buscar las estrellas se trata. 

Los bosques, los desiertos y mares, alejados de la civilización, parecieran ser siempre el destino, el punto al cual llegar; sin embargo, lo cierto es que las estrellas abundan y brillan igual en cualquier lugar del planeta. La gran diferencia entre estos diferentes espacios la hacen las luces que iluminan las ciudades que habitamos: el alumbrado público, las imponentes estructuras y edificaciones iluminadas, los espectaculares, las luces de los autos y de los hogares que habitamos.

Sí, es cierto: la actividad humana genera contaminación en la atmósfera, en las aguas y los suelos, pero la contaminación lumínica también es un tema. 

¿Qué es la contaminación lumínica? 

Dependiendo del rigor o el área de especialidad con que se estudie, la luz puede ser un contaminante en diferentes grados, pues ésta -como cualquier otro agente dañino-, cuando es excesiva o mal empleada genera serias consecuencias para los humanos, la vida salvaje e incluso el clima. A este “efecto secundario” de la industrialización se le conoce como contaminación lumínica (o foto contaminación) y desde principios del siglo XX ha sido un campo de estudio, llegando a cobrar mayor relevancia en las últimas décadas debido al rápido crecimiento tecnológico; pero, aunque las causas principales de la contaminación lumínica son aquellas que se refieren al mal empleo de la luz como recurso, es posible que incluso la iluminación cuando se ejecuta según prácticas adecuadas llegue a alterar las condiciones naturales de diversos espacios, tal como explica en términos generales la definición científica de contaminación lumínica1.

Pero, de acuerdo con otra definición2, la contaminación lumínica podría limitarse a aspectos operacionales según, por ejemplo, las emisiones de flujo luminoso de fuentes artificiales durante la noche en intensidades, direcciones, rangos espectrales, y horarios innecesarios para la realización de las actividades previstas en la zona en la que se instalan las luces. 

Algunas otras definiciones describen la contaminación lumínica como: la degradación de hábitats luminosos a causa de la iluminación artificial; la alteración de los niveles naturales de luz en áreas exteriores debido a distintas fuentes de luz artificial; o como el efecto de la presencia humana que directa o indirectamente llena de luz artificial el ambiente.  

        

También, los profesionales dedicados a temas de energía a menudo sostienen que el fenómeno de la contaminación lumínica debe enfrentarse desde el cambio en los hábitos de las personas, a través del uso eficiente: con menor gasto y reduciendo la cantidad de iluminación indeseada o innecesaria. No obstante, suele ser un problema difícil de solucionar, pues en muchas ocasiones una luz puede ser considerada como contaminante para una persona, pero para otra esa misma luz puede ser adecuada y necesaria. En esta misma situación podría contarse la sobre iluminación de las calles con el fin de evitar actividades delictivas, tema en torno al cual existe un gran debate.

Los componentes de la contaminación lumínica 

La contaminación lumínica tiene como manifestación más evidente el aumento del brillo del cielo nocturno, por reflexión y difusión de la luz artificial en los gases y en las partículas del aire urbano, de forma que se disminuye la visibilidad de las estrellas y demás objetos celestes.

Este tipo de contaminación puede clasificarse según sus efectos nocivos, tales como el deslumbramiento (glare), esto es: el brillo excesivo que produce discomfort visual (que además puede ser cegador, como ocurre cuando se mira fijamente al sol; inhabilitante, como puede ser el efecto de recibir la luz de los autos al conducir; o de discomfort, que puede no ser una situación potencialmente peligrosa, pero llega a ser muy molesto); el resplandor (sky glow), que se refiere a la iluminación del cielo nocturno en zonas pobladas o urbanas. La intrusión lumínica (light trespassing), la cual ocurre, por ejemplo,  cuando la luz de un vecino pasa ser molesta e indeseada al entrar por puertas o ventanas, causando problemas como dificultad para dormir durante la noche. La sobre iluminación, que se refiere al uso excesivo de luz, que además -tan solo en Estados Unidos- es responsable de aproximadamente dos millones de barriles de petróleo al día en consumo de energía. Además de los anteriores, el brillo que provoca la concentración de fuentes de luz en las ciudades y áreas pobladas -un efecto nocivo sobre todo en calles y caminos con un diseño deficiente de iluminación, a esta desviación de la luz resultado de su interacción con moléculas de aire y partículas en suspensión-, se le conoce como dispersión hacia el cielo. 

Acerca de la contaminación lumínica se puede hablar desde diversos enfoques, los efectos nocivos, las buenas prácticas, así como los mecanismos de prevención o aquellos enfocados a la búsqueda de soluciones a largo plazo, son algunos de estos.  

En palabras de la Dra. Julia Tagüeña, Directora adjunta de Desarrollo Científico del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología, y actual coordinadora general del Foro Consultivo Científico y Tecnológico (FCCyT): “la gran desventaja de iluminar nuestras calles para regresar de noche a casa, sobre todo si se ilumina en exceso, puede entrar en conflicto con el interés por estudiar los fenómenos celestes, por ello la contaminación lumínica es un tema de biología y ecología, pues muchas especies, tanto de flora como de fauna resultan afectadas en sus ciclos normales de vida. Sin duda, la energía eléctrica debe mejorar la calidad de vida de todos, pero para esto debe ser consumida y administrada de manera sostenible3

1«The artificial night sky brightness mapped from DMSP Operational Linescan System measurements”, Cinzano, P.; Falchi, F.; Elvidge, C. D.; Baugh, K. E. (2000)

2Starlight Reserves and World Heritage, Marín, C. and Orlando, G. (eds.) (June 2009)

3The right to dark skies/ El derecho a los cielos oscuros

Actualización 30 de agosto 2019

Material complementario:

       

The right to dark skies/ El derecho a los cielos oscuros video

The right to dark skies/ El derecho a los cielos oscuros PDF completo

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