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Ruta de Luz en Mextrópoli 2025: ¿Por qué nos gusta un espacio? ¿Cuál es el papel de la luz ahí?

Festivales

Dahyna G Viloria

Ruta de Luz en Mextrópoli 2025: ¿Por qué nos gusta un espacio? ¿Cuál es el papel de la luz ahí?

El diseño de iluminación en espacios públicos no puede ser una solución estandarizada, se debe adaptar a la diversidad de usos y usuarios.

Arquitectura, Iluminación Urbana, Mextrópoli

El pasado sábado 20 de septiembre, como parte de nuestras actividades en Mextrópoli 2025, se llevó a cabo la Ruta de Luz. La salida, por segundo año consecutivo, fue desde el Centro Cultural Laguna, donde nos embarcamos en una aventura lumínica coordinada por los expertos en iluminación, Oriana Romero y Alejandro Díaz Infante.

A diferencia del año pasado, el registro para el evento fue mucho menos ajetreado. Esta fue mi primera vez recorriendo la ruta y fue una experiencia que disfruté enormemente. Me hizo darme cuenta de cuánto extraño la Ciudad de México y sus calles, donde a cada paso se viven diferentes atmósferas. Como un caleidoscopio de sensaciones, colores y sonidos que, aunque diversos, se entrelazan para conformar un todo único e inigualable.

Mientras caminábamos por la Avenida Cuauhtémoc, Oriana nos hizo una primer pregunta para iniciar la Ruta: «¿Cuál es tu lugar favorito y por qué te gusta ese espacio?».

Nuestra primera parada fue dentro del Jardín Pushkin, un lugar donde predominaba una luz blanca intensa. Antes de salir de Laguna nos habían dado algunos espectroscopios y unos lentes que iban pasando de mano en mano para ver las características de la luz, ahí comenzamos a curiosear con ellos. Oriana nos explicó que la iluminación de un espacio va mucho más allá de las luminarias instaladas en la plaza. Nos mostró cómo el entorno, desde la iluminación de un hotel cercano hasta las luces decorativas de un balcón, influyen en nuestra percepción y experiencia del lugar. Por la luz blanca predominante en el parque, se tocó también el tema de la contaminación lumínica y sus afectaciones a la salud.

Alejandro se unió a la conversación con algunos datos técnicos y con dos preguntas: ¿Qué tanta luz necesitamos en el espacio público?» y «¿Qué características de la luz necesitamos?.

Caminamos solo unos pasos más, pero el ambiente ya era radicalmente distinto. Oriana nos pidió mirar de nuevo a la persona que teníamos al lado y nos preguntó: «¿Pueden ver bien sus caras?«. Nos explicó que el alumbrado público suele estar diseñado para iluminar el piso, dejando de lado los «planos verticales». Nos hizo notar la variedad de alturas en nuestro grupo, con adultos y niños, recordándonos la importancia de considerar la experiencia de la ciudad para personas de todas las estaturas, e incluso para aquellos en silla de ruedas.

Alejandro nos mostró con un espectrómetro que en esa zona el pico de luz azul era muy diferente al del área anterior, con lo que nos llevó a cuestionar: «¿Cuáles son los elementos que nos dan percepción de seguridad? ¿Será que aquí está muy oscuro o allá hay demasiada luz?«.

Continuamos nuestra ruta, y en cada parada nos topamos con distintas escenas: jóvenes jugando, perros corriendo, personas descansando. Oriana y Alejandro nos mostraron que al diseñar la iluminación de un espacio público, es crucial pensar en la diversidad de actividades que se realizan. No se puede generalizar; hay que considerar los requerimientos específicos de cada grupo y actividad.

El recorrido culminó en la Capilla de San Francisco Javier en la Plaza de la Romita, un lugar que te transporta a otro tiempo. Al entrar, te envuelve una atmósfera de paz y tranquilidad, como si te adentraras en el centro de un pequeño pueblo. Es sorprendente encontrar un oasis así, a solo unos metros de las ruidosas y congestionadas avenidas de la ciudad.

Como dato histórico, esta plaza fue en su origen un islote muy cercano a Tenochtitlan, el corazón del pueblo prehispánico de Aztacalco. El nombre Romita se le atribuyó porque su camino más cercano, el de Chapultepec, se asemejaba por su arbolado a uno similar en Roma, Italia.

La magia del lugar y su iluminación cálida lo convirtieron en el escenario perfecto para finalizar nuestro recorrido. Después de las distintas paradas, nos hicieron una pregunta que nos invitó a reflexionar: «¿Cuál es el valor que la luz aportó a cada uno de esos espacios?«. Nos recordaron que nuestra percepción de un lugar es completamente subjetiva y concluyeron con una frase final que nos dejó pensando: «Todas las opiniones son válidas, pero no generalicemos, porque la luz no es generalizada».

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