Temperatura de color: elemento básico en la definición de la atmósfera

La diferencia entre ambiente y atmósfera es esencial en la iluminación teatral, y de ello nos habla la especialista Alejandra Montemayor

Hoy vamos a reflexionar sobre un aspecto fundamental en cualquier ámbito en el que se inscribe el diseño de iluminación: la atmósfera, y una de las herramientas más poderosas que tenemos para llevarla a cabo, la temperatura de color.

Aunque hablando de manera cotidiana normalmente empleamos indistintamente los términos ambiente y atmósfera, sí que podríamos establecer un límite entre ambos. José Luis Alonso de Santos definió cada concepto de la siguiente manera:[1]

        

Ambiente: elementos que singularizan el espacio, como el mobiliario, la disposición de puertas y ventanas, etc.

Atmósfera: la plasmación psicológica del espacio, donde juegan un papel importante la música, la luz, ciertos objetos…

Estreno en España 1950

El ambiente nos puede definir el contexto en el que se inscriben los personajes, por ejemplo, el dónde y en qué momento se encuentran. Imaginemos que asistimos a La Casa de Bernarda Alba, obra escrita por Federico García Lorca en 1936 que pone de manifiesto el drama de las mujeres en la España rural de la época: en la Andalucía de las primeras décadas del siglo XX y tras la muerte del padre de la familia, Bernarda, la madre, impone a sus cinco hijas un riguroso luto durante ocho años que previsiblemente se comerá su juventud y su felicidad. Si seguimos una puesta en escena realista, podemos imaginar enseguida el interior de una casa andaluza con los elementos propios de esta época y este lugar. Pero debemos dar un paso más allá.

Definir la atmósfera nos permite dar este paso, entramos al campo de la psicología del espacio y de los personajes, de sus pulsiones internas, de cómo Bernarda Alba se vuelve cada vez más restrictiva y severa, de cómo Adela no puede apagar la fuerza de su juventud y sus ansias de libertad, de los anhelos soterrados de todas. La atmósfera va a ser lo que definitivamente traslade al público a lo más profundo de la puesta en escena, pero, ¿Cómo construimos esa atmósfera?

Es precisamente la temperatura de color la que tiene la capacidad evocadora, la base de acuarela hecha con luz sobre la que después añadiremos otras luces puntuales, efectos, o colores más saturados. Salvo excepciones en que la propia dramaturgia así lo requiera, no sería lo más recomendable construir todo un diseño a partir de estos, sobre todo si tiene determinada carga efectista, en ese caso corremos el riesgo de perdernos la atmósfera que nos hará acercarnos al epicentro de la trama y de los personajes, y construir una dramaturgia con la luz.

Es necesario que hagamos muchas pruebas con esa base de acuarela, la temperatura de color, que abarca un considerable espectro y nos permite múltiples posibilidades. Si hay un tipo de luz que debería ser sistemáticamente bien definida (y de hecho así es en algunos campos de la iluminación) sería la denominada no con demasiada fortuna “luz blanca”, refiriéndonos a la luz que no “tiñe” la escena de un color específico.

Pero de esta “luz blanca” poca atmósfera podemos imaginarnos como tal, debemos seguir definiéndola, y no solo quedarse en los tres rangos de cálida, neutra y fría, puesto que no es la misma temperatura de color y, por tanto, no es la misma atmósfera la que ofreceremos si intentamos replicar una desaparecida lámpara de incandescencia, a otra que ya contenga gases halógenos en su interior. Ambas son cálidas, sí, pero la sensación que producen esa diferencia de 2700 a 3200K es más que significativa; eso sí, para percibir estas sutilezas, debemos no dar por hecho lo que vemos porque necesitamos educar nuestras miradas a estos pequeños cambios.

Siguiendo con el ejemplo de la luz cálida, dos fuentes de luz nos pueden ofrecer la misma temperatura de color expresada en Kelvin, por ejemplo, los 2700 que nos ofrecían las incandescentes y los 2700 que ha conseguido ofrecernos la tecnología LED. Pero esto no implica que tengamos la misma atmósfera, la sensación es diferente y por tanto la comunión con lo emocional de nuestros personajes y del entorno que los rodea será diferente.

Hay opiniones para todo, una extremadamente técnica dice que 2700K son 2700K y por tanto hay una correspondencia; pero incluso abordando esta cuestión desde otra perspectiva, es imposible que un filamento incandescente se hubiese podido comportar igual que un diodo, por tanto, nunca podrán ofrecer lo mismo (por algo surgió el movimiento Save The Tungsten), y de nuevo: necesitamos aprender a mirar.

       
Película Mario Camús 1987

En ocasiones también se confunde la recreación de la atmósfera con una fidelidad hacia lo realista. Pero podemos acercarnos a esa sensación claustrofóbica que las hermanas Alba sienten en sus corazones de muy diversas maneras, recreando atmósferas muy distintas. Siguiendo lo que Lorca indica en su texto en boca de Bernarda:

En ocho años que dure el luto no ha de entrar en esta casa el viento de la calle. Haceros cuenta que hemos tapiado con ladrillos puertas y ventanas,

Podríamos iluminar una estancia de la casa únicamente simulando la luz que se cuela por las rendijas de esos muros. O podríamos hacer una lectura diferente y utilizar una luz que llenara cada rincón de la casa, donde a las mujeres que la habitan les ha sido arrebatada su intimidad a la par que su futuro, donde esta exposición ante la severidad de la madre es constante, donde nada escapa a la mirada de Bernarda.

Ejemplo de ello sería la puesta en escena del 2008 de Gadi Roll en la que el iluminador Jonathan Samuels y el escenógrafo Roni Toren decidieron trascender esta imitación de la realidad para encontrar la atmósfera. Bajo el escrutinio de Bernarda Alba nada escapa, por lo que crearon una escenografía de altas e imperturbables paredes infranqueables, con una luz absolutamente despiadada y brutal, realizada a partir de tubos fluorescentes que iluminan todo sin piedad, que interrogan y desnudan sin pudor a las mujeres que malviven entre estas paredes, donde todo lo controla Bernarda. Fue, sin duda, una puesta en escena diferente a las habituales, pero donde se describe soberbiamente la atmósfera de la obra.

Otros factores intervienen en la recreación de la misma, como la posición de los focos, la cantidad que estos emiten o el uso del color además de la temperatura de color, pero esto lo iremos viendo en otros artículos.


[1] Alonso de Santos, José Luis, La escritura dramática, Ed. Castalia, p.432, Madrid, 2008

[box] Alejandra Montemayor Suárez es titulada superior en Arte Dramático especialidad Escenografía; tiene un máster en Diseño de Iluminación Arquitectónica por la Universidad Politécnica de Madrid y otro máster en Artes Escénicas por la Universidad de Vigo. Como iluminadora ha trabajado con diferentes compañías teatrales, así como en galas y eventos; como escenógrafa ganó el Premio Teatro Joven de Sevilla en 2008. Ha colaborado redactando el capítulo sobre Iluminación Teatral para el Libro Blanco del Comité Español de Iluminación. Realiza el doctorado en Arte Contemporáneo en la Facultad de Bellas Artes de Pontevedra y está desarrollando y codirigiendo un proyecto que relaciona música electrónica, control e improvisación de la luz, en el que se encarga del diseño y ejecución de la iluminación [/box]

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