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Con el testimonio de Jose Cardona (Artec Studio) y Juan Pablo Ruiz Velasco (Italli).

Diseñada por el arquitecto Teodoro González de León, la Torre Manacar se encuentra en la intersección de dos de las principales avenidas de la Ciudad de México. Su arquitectura, de gran escala y carácter contundente, tiene una fuerte presencia dentro del paisaje urbano. El punto de partida del proyecto de iluminación fue precisamente ese: ¿cómo transformar la percepción de un edificio tan masivo durante la noche sin perder su carácter arquitectónico?

La intención no era convertirlo en un objeto luminoso que se impusiera como un nuevo ícono en la ciudad, sino encontrar una manera de establecer un diálogo con su entorno. La intervención debía acompañar la arquitectura y, al mismo tiempo, permitir que el edificio se relacionara con el ritmo de la ciudad. La estrategia fue sencilla en concepto, aunque implicó diversos retos técnicos como el de instalar luminarias de pequeñas dimensiones integradas en los parteluces de la fachada para generar un efecto sutil y continuo. “El objetivo era que se percibiera el efecto y no la luminaria”, explica Jose Cardona, diseñador del proyecto del estudio Artec Studio. Incluso durante el día, los dispositivos debían pasar prácticamente desapercibidos e integrarse a la arquitectura.

Para conseguirlo fue necesario desarrollar una solución específica en colaboración entre Artec Studio, Italli e iGuzzini, tomando como punto de partida la luminaria Trick de iGuzzini. La propuesta original se acercaba al efecto buscado, pero era necesario aumentar el flujo, suavizar la distribución de la luz y, especialmente, evitar que la fuente fuera visible desde los ángulos de observación de la ciudad.

Ahí comenzó una etapa de pruebas y desarrollo en el Taller de Experiencia de Italli. “La prioridad estuvo en el efecto óptico”, recuerda Juan Pablo Ruiz Velasco. Se realizaron múltiples pruebas con la Trick y distintos prototipos de impresión 3D hasta encontrar una configuración adecuada. La solución implicó modificar la óptica mediante un filtro, incorporar un difusor interior, desarrollar un cuerpo específico con aletas y una base cuyas dimensiones y ángulos respondieran a la geometría de los parteluces, que además se encontraban inclinados.

El resultado concentró la luz sobre la propia arquitectura en lugar de proyectarla directamente hacia la ciudad. Los parteluces funcionan como superficies de reflexión, generando las líneas de luz buscadas y reduciendo al mismo tiempo la emisión hacia el entorno. Cada luminaria consume aproximadamente 5 W y gracias a la programación de las escenas, no todas permanecen encendidas simultáneamente.

Las modificaciones desarrolladas durante el proceso fueron posteriormente fabricadas por iGuzzini en su planta de Italia, lo que permitió mantener las condiciones de fabricación y la garantía del producto. Para Juan Pablo, este proceso fue posible gracias al trabajo conjunto entre los equipos: “Gracias a la excelente colaboración entre Artec Studio, Italli e iGuzzini logramos superar estos retos que presentaba la iluminación de este gran hito arquitectónico”.

Una fachada que cambia con la ciudad

A la solución óptica se sumó otro reto, el de convertir las aproximadamente 1,400 luminarias en un sistema dinámico con control individual. La fachada fue desarrollada en colaboración con LedsControl, a partir de contenidos diseñados específicamente para el edificio y mediante un sistema de control punto a punto.

La instalación también requirió resolver condiciones particulares. Como el edificio ya tenía pisos en funcionamiento, no era posible realizar el cableado desde el interior. La estrategia consistió en aprovechar los parteluces que aún no habían sido instalados para pasar por ellos las instalaciones eléctricas. Para facilitar el montaje se diseñaron arneses específicos que posteriormente fueron fabricados por una empresa con certificación de calidad automotriz.

El sistema de control se distribuyó en cuatro centros ubicados en diferentes pisos, desde donde se alimentó cada luminaria de manera individual. Después de evaluar distintas alternativas, se optó por un sistema de control individual de bajo voltaje y corriente constante, pensado para operar de manera confiable a lo largo de las grandes distancias de la fachada y reducir los problemas asociados con la caída de tensión.

Una computadora central envía la señal a los drivers DMX de TRAXON ubicados en los cuartos de control, que a su vez permiten controlar individualmente cada punto de luz. Así, la fachada puede transformarse constantemente: por momentos adquiere mayor presencia y, en otros, parece diluirse nuevamente dentro del paisaje urbano.

Más que iluminar un edificio, el proyecto buscó construir una relación entre arquitectura, iluminación y ciudad. La tecnología se convierte así en una herramienta para expresar una idea, y no en el objetivo final”. Jose Cardona.

De esta misma exploración nació SynchroniCity, un contenido artístico desarrollado por el laboratorio de Artec Studio para la fachada mediática de Torre Manacar, donde la iluminación se convierte en un medio para conectar el edificio con el ritmo de la ciudad.

Casi una década después, la instalación continúa operando, dejando una importante lección sobre el trabajo en equipo entre distintas disciplinas para resolver grandes retos como lo fue la fachada de la Torre Manacar, en donde la tecnología deja de ser protagonista para darle su lugar a la arquitectura de Teodoro González de León.

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