Visita al MUFO, crónica de nuestro viaje al futuro

La luz se hace presente en cada una de las salas del Antiguo Hotel Reforma, pero ¿qué mensaje intenta transmitirnos? ¿es un acercamiento a lo que está por venir o todo queda en experimentación?

Por: Pau Marín y Toño Arellano

A inicios de abril supimos de la apertura en Ciudad de México del Museo del Futuro (MUFO), una nueva experiencia inmersiva conformada por instalaciones multimedia creadas por los colectivos OUCHHH, Tundra y el diseñador Antoni Arola. 

La propuesta de MUFO pretende crear nuevas formas de conocer un museo a través de los sentidos y estímulos generados por el arte digital. Y tras la expectativa creada por la instalación de Antoni Arola, las piezas digitales e instalaciones multimedia decidimos conocer el espacio ubicado en el Antiguo Hotel Reforma, diseñado en la década de los años 30 (y entre polémicas), por los arquitectos Carlos Obregón Santacilia y un joven e inexperimentado Mario Pani. 

La visita al MUFO comienza en la recepción del hotel, donde se reciben las indicaciones y una breve introducción al concepto del museo. El edificio está cargado de historia que pasa desapercibida para quienes no lo conocen. Al entrar resalta el gran letrero que anuncia el MUFO, así como una larga lista de indicaciones previas. 

La instalación que inicia de manera oficial el recorrido es The Day We Left Field del colectivo ruso Tundra, una habitación que recibe con las paredes pintadas de negro y completa oscuridad. Al entrar y con un par de tropiezos en lo que la vista se acostumbra, se encuentran distribuidos por el suelo (que asemeja pasto) unos grandes pufs/colchonetas que ofrecían la posibilidad de vivir la experiencia desde otro punto de vista. 

De pronto luces tipo láser se proyectan hacia todos lados y chocan contra los objetos que ahí se encuentran. Se logra distinguir una gran cantidad de elementos suspendidos muy delgados, quizá unos hilos de acrílico transparente que distorsionan la dirección de la luz y al fondo de la sala un espejo del tamaño del muro crea una sensación de infinito en el lugar. El movimiento de las luces es acompañado por música de fondo y el sonido de los motores que dirigen la luz.

Este tipo de instalaciones suelen ofrecer una «inmersión sensorial» pero con frecuencia pasan por alto otros sentidos además de la vista y el oido. Por suerte este no fue el caso, ya que el uso tanto del pasto artificial como de las colchonetas para recostarse y «ver las estrellas», permite involucrar el sentido del tacto. Desgraciadamente, el sofocamiento del cubrebocas nos trajo de vuelta a la realidad… que pensándolo bien fue una manera (quizás involuntaria) de recalcar la idea central sobre el «día que dejamos el campo». 

Para llegar al segundo espacio es necesario recorrer la sala de NFT’s y algunas zonas con proyectos invitados. En ese tramo lo que más llamó nuestra atención fue una pieza inspirada en los puestos de comida de CDMX, esos que recientemente han sido borrados. El tema nos parecía interesante, pero al entrar fue inevitable desviar nuestras miradas hacia las fuentes de luz y saber cómo funcionaban las dos piezas metálicas sin detenernos a observar otra cosa.

En la segunda instalación, Poetic Ai del estudio OUCHHH con sede en Estambul, nuevamente un espejo se hace presente dando continuidad a la sensación de espacio infinito, pero ahora desde el primer paso que se da al entrar en la sala. 

        

Una pantalla 360º es la envolvente que dirige a los espectadores hacia el centro del espacio para tener una vista completa de las proyecciones generativas que simulan distintos elementos naturales, paisajes o geometrías que intentan adentrar al usuario experiencia. 

Es en este espacio donde la mayoría de la gente se detiene por varios minutos, probablemente el sonido que predomina es el de las conversaciones y las personas que piden una fotografía. Quizás por eso es la única sala a la que volvimos después de terminar el recorrido, ya que el boleto permite recorrer cada instalación las veces que sean necesarias.

Las proyecciones en las pantallas y el espejo del piso transforman la percepción, en las fotografías las personas parecen flotar en la nada, en lo intangible o en algo que conoceremos en un futuro. La luz inunda el espacio la mayoría del tiempo durante el loop de proyecciones, solo algunos segundos se oscurece al apagar las pantallas y se distingue la luz proveniente de los accesos a la sala.

       

Poetic AI es un buen título para esta instalación, remite a este choque con el futuro del arte ¿quién es el verdadero artista? ¿la creatividad tiene cualidades intrínsecas o basta con dictar una orden a una máquina para que genere patrones y el espectador los perciba como artístico? Sin duda este caleidoscopio virtual es una ventana para preguntarnos dónde radica verdaderamente la belleza del arte.

El recorrido concluye con la visita a la instalación Percepcions 1 de Antoni Arola, esta vez los espejos al centro del espacio giraban al ritmo de la música; Danubio Azul de Johann Strauss, Zacatlán de Pedro Escobedo Hernández y Shine on you crazy diamond de Pink Floyd y el cuarto se pintaba de tonalidades rosas y azules. 

Mientras las puertas de la sala se mantienen cerradas, la experiencia se vuelve inmersiva para quienes estamos en el interior. La transición de una canción a otra no es evidente, el sonido de los motores forma parte del ambiente y oculta los momentos de silencio. Los cambios de tonalidad distorsionan la percepción y los espejos convierten a la persona en el punto principal de la instalación. Cada quien circula a su ritmo, envuelto en esa atmósfera que nos despierta cada vez que alguien abre la puerta e ingresaba. 

La combinación de los espejos giratorios, la música lista para un pas de deux y los contrastes suaves generaba la “Percepción” de que la danza era con uno mismo pues en cada vuelta, quien te recibía era el propio reflejo con celular en mano mientras el un, dos, tres del vals y el danzón, señala en qué momento capturar el momento. 

Fue en Percepcions 1 donde pasamos la mayor cantidad de tiempo, contemplamos las fuentes de luz, encontramos algunos secretos que ocultaba la pieza para funcionar de manera correcta y posteriormente concluimos nuestra visita.

La palabra Futuro puede ser un poco abrumadora al no tener certeza de lo que nos depara. Sin embargo, visto desde una perspectiva más optimista, esa misma incertidumbre da espacio para imaginar las posibilidades.

Este museo tiene todo el potencial para experimentar cuál será el papel de luz en los museos del futuro sin que ésta carezca de un mensaje. Y aunque fue una experiencia interesante, se percibe que falta una pieza… el atractivo visual lo tiene, las herramientas y la tecnología también, pero quizás tanto ver hacia el futuro y no a los pasos que se dieron para llegar, puede que no permita ver algunas oportunidades para reforzar el mensaje de este porvenir.

Deja un comentario

Descubre más desde Iluminet revista de iluminación

Suscríbete ahora para seguir leyendo y obtener acceso al archivo completo.

Seguir leyendo