
Texto por Ivonne Galicia, fotografías de Paulina Marín
Ha pasado poco tiempo desde que se hizo pública la fecha del festival Filux 2019; de hecho en iluminet recibimos el comunicado de prensa el 10 de junio por la mañana. En redacción no nos aguantábamos la emoción, y entre broma y broma sugerimos ir a cubrir el evento. Pues finalmente sí lo hicimos: nos fuimos a Tabasco.
Debo confesarme fanática de las luces bonitas y las cosas que brillan, del Festival Filux, que año con año espero, pero que desde la edición 2017 en la CDMX no pude visitar debido a la enorme cantidad de gente que tapizaba las calles del Centro Histórico -una cosa increíble-, no pude ver ninguna de las obras, es más: no pude ni siquiera acercarme a los diferentes recintos en los que estaban ubicadas algunas de ellas. En ese entonces mi único acceso al festival fue a través de la crónica de iluminet. Pero esta vez es diferente: soy prensa, soy de iluminet, abran paso.
Primera noche.
Este año el festival se realizó por primera vez en Villahermosa, como parte de los festejos por el aniversario 455 de la fundación de la ciudad, en lo que era la edición número 18 del Festival de Villahermosa, del 21 al 24 de junio. La ciudad recibió una selección de las obras de destacados artistas, entre estos un 80% son mexicanos, el resto de ellos provienen de países como Finlandia, Japón, Perú, España, Estados Unidos, Argentina y Alemania. Durante la inauguración -que se esperaba desde las 7 de la tarde- estuvo presente el alcalde, Evaristo Hernández, y un grupo numeroso compuesto por miembros del Ayuntamiento.
El recorrido comenzó en la Calzada de las Palmas del Parque Tomás Garrido, donde se encontraban las instalaciones El otro sol, de Toto Martínez y Benjamín García; y las obras monumentales Cynthia, Flowers of Life y Special Flower. Durante estos primeros momentos del recorrido además tuvimos la oportunidad de escuchar a David Di Bona (director del Festival Filux), quien presentó algunos aspectos importantes de las instalaciones; además, poco más adelante se encontraba Veikko Lappalainen (colectivo Flowers of Life), quien completamente inadvertido por los asistentes se dedicaba a observar las reacciones de la gente frente a sus obras.
Continuando con el recorrido encontramos Gran ceiba, de Eliazar Hernández, una proyección realizada a todo lo ancho de un enorme árbol; y muy cerca de allí, Ámbar, una pieza del maestro artesano Amauri Sanabria (también suya era Saasil Chowak, la figura de un lagarto que flotaba sobre las aguas de la Laguna de las ilusiones -donde de hecho sí hay lagartos-) en la que se combinaron la tradicional técnica del carrizo y aluminio, materiales con los que se suelen elaborar los toritos y judas en Tultepec, Estado de México.

Bajo trueno y relámpago, de Rodrigo Olvera, era la pieza próxima. A pocos pasos de la instalación se encontraba el artista, quien invitaba a los asistentes a ingresar despacio a la obra, pues se trataba de un material frágil y de fabricación laboriosa. “Hay tanta gente que es difícil que te escuchen”, exclamó Rodrigo, quien a pesar de todo se mostraba feliz con el éxito de la pieza.

A lo largo de todo el recorrido pudimos disfrutar la presencia de un pequeño grupo de personas encargadas de dar vida a las Máscaras de luz y alebrijes iluminados (Alebrije Huitzilopochtli y Alebrije sabroso), obras de Uriel López, Selene Cruz y Patrick Sandoval; de Hiram Ortega y de alumnos de la Escuela de Artesanías del INBA respectivamente, con la colaboración de Miguel Bolivar. La gente se acercaba y se tomaba fotos junto a las piezas.

Alebrije Hiutzilopochtli, Uriel López y Selene Cruz 
Alebrije Sabroso, Hiram Ortega 
Máscaras de luz, Escuela de Artesanías del INBA
Al llegar al edificio del Museo Elevado de Villahermosa (MUSEVI), apenas con fuerzas -debido al calor y la humedad- subimos unas escaleras hasta la instalación Monumento al peligro del artista de origen argentino Máximo González. El lugar estaba sumergido en una luz roja absoluta que sin descanso continuaba atrayendo a más y más gente: una advertencia y un atractivo seductor. Y en el mismo edificio nos encontramos con la instalación de Sol Natividad, Niños de Dulce. Es curioso cómo la gente interactúa con aquello que tiene al alcance, pues en más de una ocasión escuchamos que tanto staff como artistas pedían a los asistentes no tocar las piezas, o no acercarse demasiado; pero a pesar de la insistencia nos tocó ver que la gente ignoraba las indicaciones, tal fue el caso de la instalación Niños de Dulce.

Monumento al peligro, Máximo González 
Niños de dulce, Sol Natividad
Caso contrario era el de la instalación Códigos, del artista yucateco Diego Cano. En ésta se invitaba a las familias con niños, y a todo el público, a acercarse para tocar y jugar, y -en palabras de Diego- “completar la instalación”.
Después de varias horas -cerca de las 11pm- completamos el recorrido con una visita a las instalaciones UNUM (Miguel Bolivar), Deseo (Yupika) y Nosotros, del Colectivo ChaMeShiJi -una de mis instalaciones favoritas-, en la que se intervino un espacio natural y lleno de árboles con proyecciones de luz y sonido.
Segundo día.
Día del Simposio Filux Lab en el Centro Cultural Villahermosa. Las presentaciones comenzaron tras una introducción y bienvenida de parte de David Di Bona (Filux). En este espacio los artistas tuvieron la oportunidad de explicar los aspectos más importantes de sus obras, además de convivir con el resto de los miembros que integraban el cartel del festival. Esta actividad dejó claro el fuerte interés social de los participantes: a los jóvenes les interesa involucrarse con la gente -el público- en todas las formas posibles, y sobre todo, generar un cambio en su día a día mediante el arte; o incluso, a través de los diferentes proyectos que varios de ellos han emprendido, como es el caso de la artista guerrerense Sol Natividad y Rodrigo Olvera, de la CDMX. Ahora, mientras escribo esto recuerdo que en uno de los viajes en taxi, el conductor comentaba acerca del festival y las acciones del actual gobernador de la ciudad: “los reencarpetados no llenan el alma, el arte sí”, y sin embargo es curioso cuál es la relación real de las personas con las piezas e instalaciones cuando las contemplan.

Más de un artista aseguró que el trabajo que realizaban, si bien está dirigido a las personas, quizás no es éste el momento o el lugar para enfrentar la pieza con el espectador, pues afirman: “falta mucha cultura y educación. A veces las obras no se respetan”.
A pesar de lo anterior, luego de dar un repaso a las reacciones recolectadas, las experiencias de estos dos días en el festival; y hoy, a través de redes sociales, me da mucho gusto ver que las familias, las parejas, los grupos de amigos que visitaron el Parque Tomás Garrido disfrutaron en su ciudad de una propuesta diferente que comenzó la primera noche de verano (el 21 de junio), que por sí sola ya tiene cierta carga mágica. Y que sea como sea, pese a la crítica que pueda tener el gasto generado del contrato y producción de un festival de este tamaño, al final -según me pareció y viéndolo desde afuera, como visitante en Villahermosa-, los habitantes de Tabasco y del resto de país quieren ver más propuestas como esta.
Si bien para esta ocasión el Festival Internacional de las Luces se sumó a las actividades por el festejo de la fundación de la ciudad (Festival de Villahermosa), el Festival es un evento que ha adquirido un muy amplio reconocimiento a nivel nacional, y se ha añadido a los festivales de talla internacional; es un evento que los habitantes de diferentes ciudades esperan, y esto se nota cada vez que se publica algo al respecto en sus redes sociales. El Filux es un festival que trae y busca formar comunidad entre artistas de distintas nacionalidades, y al mismo tiempo, gracias a la visión de los artistas, tiene este carácter de activación social: el Filux es un festival para las personas, pero también exige este respeto a los artistas -de parte del público y de parte de quienes traen el festival-, pues uno de los aspectos que más se comentó en esta edición fue la falta de coordinación con el resto de las actividades que al mismo tiempo se realizaban con motivo del Festival de Villahermosa.











