Hace apenas unos días llegó la noticia del fallecimiento del diseñador Paul Marantz, uno de los grandes pioneros de la luz como medio expresivo en la arquitectura. Más allá de los múltiples reconocimientos y proyectos icónicos que firmó, Marantz deja una manera de mirar, de sentir y de pensar la luz como una extensión del espacio y de la emoción humana.
Desde temprana edad, Marantz mostró un interés genuino por la iluminación, construyendo a los 11 años un teatro en miniatura completamente iluminado. Durante su juventud diseñó luces para recitales de danza moderna y posteriormente se inclinó hacia el diseño escénico durante sus estudios universitarios. Obtuvo su licenciatura en Oberlin College y cursó estudios de posgrado en Case Western Reserve University y Brooklyn College.
Inició su carrera profesional como Jefe de Ingeniería en Lighting Services, Inc., y luego encabezó el departamento de Investigación y Desarrollo en Century/Strand Lighting.
En 1971, junto con el diseñador de Broadway Jules Fisher, fundó la firma que más tarde se conocería como Fisher Marantz Stone (FMS). Lo que comenzó en un sótano en Manhattan se convirtió en una de las firmas de diseño de iluminación más reconocidas del mundo, con más de 5,000 proyectos en seis continentes. Entre sus obras más significativas destacan:
- Studio 54 en Nueva York, símbolo de la cultura disco.
- Tribute in Light, el conmovedor memorial luminoso por el 11-S.
- Burj Khalifa en Dubái, el edificio más alto del mundo.
- Times Square Ball, protagonista de la celebración global de Año Nuevo de 2000.
- Museo Nacional de Historia y Cultura Afroamericana en Washington, D.C.
Su estilo se distinguía por un enfoque escénico aplicado a la arquitectura, con la capacidad de narrar, emocionar y transformar espacios a través de la luz. Marantz recibió múltiples distinciones, incluyendo varias menciones de la IES y premios de la IALD. Aunque quizás su legado más duradero tal vez sea el impacto que tuvo como mentor. En su estudio promovió una cultura de colaboración y excelencia que continúa hasta el día de hoy. Como expresó la IALD: “La luz que trajo al mundo seguirá brillando a través de su obra perdurable y la comunidad que ayudó a construir”. Su legado nos recuerda que iluminar no solo es una cuestión de técnica, sino una forma de acompañar, de conmover y de construir memoria.







